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lunes, 11 de enero de 2016

Paradoja - Capítulo 5 - Las ratas hablan

7 de Noviembre de 2010
06:15 am. Fábrica abandonada a las afueras de Dresde

No había conseguido mucho ese día, pero solía ocurrir que uno desconocía lo importante que podía ser la información, por muy reducida que fuera. Él no llevaba mucho en el oficio, en comparación a otros colegas suyos como Gunter, y el resto gente de su "oficina" en Lepizig. Espero que me sirva, por lo menos, para que me manden otras actividades menos arriesgadas...

Se secó el sudor de su arrugada frente con cuidado de no tocar los pequeños bultos que a veces aún le dolían sólo al pensar en su transformación después del abrazo.
La tenue luz de una linterna de mano alumbraba levemente el trozo de papel que ahora mismo tenía en la mano. El documento tenäia algunas manchas húmedas provenientes de la repisa de piedra sobre la que había escrito.
Las goteras se escuchaban torpes de fondo y una pequeña corriente de aire fétido movía tanto la hoja como la tela rota de su manga.

"7 de Noviembre de 2010
Ref: Irvin Tolstoi

Encuentro fortuito en nave industrial a las afueras de Dresde. Información recibida correcta.
Descubierto refugio con defensas basadas en rituales de sangre. Posible implicación Tremere.
Un vástago Gángrel con un Hurón de mascota trabaja aparentemente con él.


Seguiré en contacto.
Raven"

Dobló el papel con el cuidado de un cirujano y empezó a realizar unos sonidos extraños con la boca.
Enseguida vendría esa maldita rata voladora para terminar su trabajo y podría descansar por fin.

Paradoja - Capítulo 8 - Ingredientes

9 de Noviembre de 2010.
07:06 am hora local. A orillas del lago Onega. Rusia


Se sentó en la butaca del salón. Se trataba de una casa bastante modesta para un Vástago de su nivel. Aunque se tratara de una Suite bastante cómoda bajo nieve preparada para seres de su raza, deseaba que empezara la acción cuanto antes. No era un zar ni tampoco del tipo que se queda mirando como todos se matan entre ellos sin que el tenga que mover un dedo. Odiaba saber que se estaba perdiendo todo lo que se cocía en Europa por ser una de las figuras más importantes del plan. Tenía que preservar su no vida ante la de todos los demás de la organización y eso, para un ser que tenía varios cientos de años a sus espaldas en los que siempre luchó por sus ideales, vivo y muerto, era bastante arburrido.
No le preocupaba su vida más que la de sus soldados rasos. Pero sabía bien lo que conlleva una gran responsabilidad.
Si todo salía según lo planeado en Berlin, podría comenzar la nueva Cártago desde el centro de Europa. Puede que fuera una locura, pero no más de lo que era ya la eterna lucha entre chiquillos de la Camarilla y Sabatt sin darse cuenta de que así no ofrecen resistencia a la Gehena. Pero esto ya era mucho hablar.

Estaba pensando ya en descansar, era bastante tarde y ya le costaba mantenerse despierto, cuando recibió una llamada de uno de sus súdbitos, o mejor dicho, de sus compañeros de armas, como el gustaba decir.
- ¿Es una línea segura?... De acuerdo,... Bien. ¿Irvin está a salvo?... ¿Un nuevo aliado?...- se levantó de la butaca y comenzó a pasearse por el salón.- Es bastante inteligente para saber si merece la pena contarle algo o simplemente ha de usarle...- frunció el ceño un momento- Está claro que le están siguiendo... Ok, es lo bastante cerca... ¿Has encontrado a algún posible... voluntario? - jugueteó con las zapatillas, mientras sacaba el pie y plegaba los altos pelos de la alfombra. - Lo dejo en tus manos, si es posible mándame un informe de forma segura. El vuelo a Kassel ya está preparado.... Alexei está organizando el refugio y espera tu entrega para el ritual. Informa a tu llegada...-se detuvo un momento observando que empezaba a amanecer y fue a bajar las persianas especiales- Tranquilo. No se lo tomará a mal. Mientras le sigan a él, el resto podrá trabajar... Descansa.

Vladimir caminó hasta la esquina donde había un enchufe a dejar cargando el aparato... Nunca confiaría en ese aparato lo suficiente como para dejar que su batería bajase más de un cuarto del total. Los tiempos actuales cambiaban todo lo que le rodeaba a una velocidad terrible.

sábado, 9 de enero de 2016

Paradoja - Capítulo 10 - El clan (Recuerdos de Fran II) Segunda parte

Las garras se hicieron uno o dos centímetros más grandes. Sus músculos se tensaron y algunas de sus vertebras crujieron en su espalda. Su rostro era odio y su cuerpo el canalizador. De un salto embestió al hombre lobo que le sacaba 1 cabeza en todas sus dimensiones. El engendro se giró y le rechazó con bastante facilidad. Ahora tendría que acabar con él antes. En cuanto pudo recomponerse embistió de nuevo con las garras por delante. El hombre lobo hizo lo mismo y chocaron en el aire cayendo con las garras unidas en una lucha de fuerza. El vástago intentó ganar en fuerza pero esa no era su lucha. Se separó y esquivando un puñetazo del lupus le clavó las garras en el flanco, una y otra vez. Un codazo del lobo le despidió varios metros. Pero su odio sólo se vio aumentado por el hambre que cada vez le golpeaba y quemaba más por dentro. Se levantó de nuevo y le atacó frontalmente de nuevo. Esquivó de nuevo la garra del hombre lobo y con la rapidez que nunca había tenido antes dirigió sus dos garras a su cuello y se las clavó hasta donde pudo llegar con la fuerza que había obtenido con sus últimas reservas de vitae. El lobo aulló fuertemente y cayó al suelo con el vampiro con sus garras parecía formar uno con la bestia peluda. En cuanto el cuerpo del lobo tocó el suelo, la inercia de la caída y el hambre impulsaron al hijo de Caín a saciar su sed clavando sus colmillos sobre la carne del cuello del lobo. Cuando hubo tomado suficiente, Fran salió a la superficie y la bestia se ocultó saciada, por el momento, en la cárcel que era el cuerpo terreno de su portador.
Se levantó como drogado por el placer de haber bebido hasta no poder más. Observó como Peryl acababa con el lobo con un último zarpazo y su sire estaba depié esperando al vampiro restante que venía de la nueva partida que se acercaba peligrosamente después de haber eliminado al lobo que les atacaba. Tenía un subfusil y los tres vampiros veían como se acercaba con el arma.

Nathan saltó hacia él. Se defendió disparando pero antes de que se hubiera dado cuenta, Nathan le había saltado encima clavado las garras en el cuello, cada una a un lado, y dejando sus pies en su pecho. Antes de que calleran al suelo por la inercia, Nathan, separó la cabeza de su cuerpo con la fuerza de sus piernas y tirando a modo de sacacorchos. Se había acabado.


Se quedaron los tres formando un triángulo bastante equilátero mirándose durante unos minutos.
Fran comenzó a sentir que algo le hervía dentro. Veía borroso. Se quedó de rodillas. Estaba perdiendo la fuerza. Y en unos segundos, perdió la consciencia.

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Se encontraba en una cueva. Todo estaba oscuro y no escuchaba nada. Le dolía todo. Un profundo dolor en su interior le dejó de nuevo sin fuerzas y volvió a dormirse.

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Se despertó entre dolores. Algo luchaba dentro de él. Esta vez pudo ver que había más luz proveniente de un punto del habitáculo en el que se encontraba. Parecía una cueva. Alguien le habría dejado ahí. Dolor... Y calló inconsciente.

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Mucha mas luz que la última vez. ¿Por qué tengo las garras....?
-¿Hay alguien ahí? - dijo muy suavemente, aunque su intención había sido gritar.
Algo se acercó. Parecía ser Nathan.
-Paciencia.-dijo - Descansa chiquillo.
Fran cerró los ojos.

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La cueva volvía a estar bastante oscura. El se encontraba mejor. Se levantó con dificultad. Se sentía como si le hubieran propinado una paliza el día anterior.
-Deberías descansar.- Dijo una voz al fondo de la cueva.
-Estoy mejor...- explicó Fran. - ¿Qué me pasa?
-No lo sabemos exactamente. Toma esto.- se acercó y le dió una bolsa de sangre que Fran bebió con ansia.- Ahora deberías descansar. Pero antes, usa esto - Nathan le lanzó una cuchilla de afeitar que Fran no pudo coger al vuelo. Fran se tocó la cara. Tenía una barba que en vida hubiera necesitado varios meses para crecer hasta por debajo del cuello. Se volvió al lugar donde estaba tumbado al principio. Se afeitó la cara como pudo y se quedó unos minutos pensativo.
Fran se tumbó y volvió a dormirse como si no hubiera descansado en mucho tiempo.

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Fran se encontraba muy bien esa noche. Se levantó casi sin molestias, se afeitó a duras penas con la cuchilla que aún conservaba de la última vez y se dirigió a la zona de la que provenían algunas voces. Cuando llegó a la boca de la cueva vio a su sire murmurando apoyando la espalda contra la pared rocosa de la caverna y las piernas cruzadas.
-Buenas noches. ¿Dónde estamos? ¿Qué ha ocurrido?
-Todo a su tiempo. Estamos en el bosque negro, pero en una zona relativamente segura. Estábamos esperando a que te recuperases.
-¿Cuánto tiempo llevo descansando?
-Dos meses.
Fran sintió como los músculos de su garganta se comprimían a modo de tragar saliva. Era imposible que hubiera tardado tanto en recuperarse, el se sentía bien al terminar la batalla.-¿Qué fue de los otros vampiros? ¿No hubo más lobos?
-Eso no importa ahora. ¿Cómo te sientes?
-Bien.

La luna creciente dejaba entrever parte del bosque a la distancia. La boca de la cueva daba a un terraplén que caía en cuesta lo suficiente empinada como para dificultar una bajada sin utilizar las manos para sujetarse.
-Bebiste sangre de Licántropo. No sabemos que te puede ocurrir. Hay muchas leyendas y tonterías... Por ahora sólo puedo ofrecerte mi ayuda si en algún momento tienes problemas relacionados con ese tema. Por lo demás deberías de poder sobrevivir sólo.
-¿Qué era esa cosa?
-Son hombres lobo. Y aquel del que bebiste era uno de los que no pueden adquirir la forma humana, pues son lobos antes que nada, llevados a las filas de los licántropos. Hay distintas tribus entre ellos. Los Garou,
Nathan alzó la mirada hacia la parte superior de la entrada. La luz de la luna le daba de frente y mostraba su expresión cansada.
Fran miró en la misma dirección y titubeó al ver una forma oscura a cuatro patas con los ojos endemoniadamente rojos que, si hubiera sido aún humano, le hubiera cortado la respiración. La luna detrás de él no le permitía ver su cara ni diferenciar bien los colores o la ropa que llevaba encima. De todos modos, podía reconocer los ojos de Peryl aunque estuviera medio ciego. Tal era el estigma que le habían dejado esos ojos en lo profundo de su cogote.
-Peryl. Caminante del bosque negro.
-Nathan, Defensor de nuestros antiguos.
Fran dirigió la mirada a uno y después a otro frunciendo el ceño.-Fran, el novato - concluyó.
Nathan dejó que se le escapase una pequeña sonrisa.-No por mucho más tiempo. Tu tiempo de instrucción básica ha pasado. Has aprendido mucho, y aún te queda más por aprender. Pero lo has hecho bien y creo que no necesitas más de mis cuidados... por ahora. Bienvenido al clan Gangrel, Fran, rival de los Garou.
Fran le miró con cara de extrañado, pero parecía satisfecho con el nombre de su bautizo. Quizás un poco exagerado... pensó con humildad.
Nathan se acercó y le dio un papel.-Manda un telegrama si me necesitas pero no esperes una respuesta rápida. Si no, convoca a los nuestros. Pero sólo si es muy necesario. - Recortó la distancia rápidamente, lo cogió con las dos manos mirándole a los ojos, le mostró una sonrisa de oreja a oreja y le impulsó con la fuerza de un titán por encima de su cuerpo lanzándole cual peso pesado a una distancia inhumana colina abajo. Fran no pudo más que sorprenderse sin poder reaccionar a tiempo para evitarlo. Cuando se dio cuenta estaba volando descontrolado a través del bosque, chocando con varias ramas en su camino hasta que llegó a tocar el suelo con su cuerpo y rodando violentamente hasta que se detuvo después de acabar totalmente enfangado y lleno de hojas y ramitas del suelo.
Se levantó, sonrió y cuando se hubo orientado, comenzó a marchar hacia el este.

Paradoja - Capítulo 9 - El clan (Recuerdos de Fran II) Primera parte

La aldea acababa de ser atacada. Fran y Nathan, su sire, se encontraban sentados contra dos árboles en el interior del bosque cercano al pueblo. Habían salido de allí en cuanto se dieron cuenta de que no se trataba sólamente de un Vampiro desperdigado, sino de una manada Sabbat. Nathan era más bajo que Fran pero algo más opulento. Tenía pelo rubio semilargo apelmazado y lleno de polvo que lo hacía parecer casi rasta. Tenía numerosas pecas y sus facciones cansadas y casi ancianas demostraban el desgaste del paso de los años... como vampiro. Nathan meditaba sentado en el suelo sin ningún tipo de muestra de preocupación en su rostro. Pero Fran sabía, a pesar de su inexperiencia, que entrar en el Bosque Negro no era mejorar el plan.
Nathan se levantó al cabo del tiempo, se dirigió a un árbol y empezó a dibujar algo con sus garras.
Fran le siguió y manteniendo cierta distancia le preguntó qué estaba haciendo.
-Paciencia.
Debí haberlo supuesto... Comenzó a dar vueltas nervioso.
Nathan parecía haber completado una traza de tres rayas horizontales y rodeaba el árbol hasta quedarse exactamente en la parte contraria al dibujo inicial.
Cuando acabó fue a realizar lo mismo en otro árbol cercano.
La noche era clara debido a la luna llena. Se podía ver a una gran distancia a través del bosque, además los árboles estaban bastante separados los unos de los otros. Fran pisaba con cuidado de no hacer demasiado ruido para no molestar a su sire en lo que empezaba a parecer algo más que un simple entretenimiento al ver que había completado el mismo dibujo y se dirigía a otro árbol cercano.
-¿Tiene algún tipo de explicación lo que estás haciendo?
-Paciencia.
Fran se alejó un poco de la zona a controlar dónde se encontraban. Hacia el oeste, a lo profundo del bosque se oía un arroyo. Al norte una zona fangosa y al sur subía una colina que parecía bastante escarpada después de unos 100 metros. Al este se encontraba el camino de vuelta al pueblo.

Cuando Nathan terminó con el cuarto árbol se dirigió al árbol del centro del cuadrado que formaban los que había marcado. Esta vez realizó dos marcas verticales, una a cada lado, una en el lado norte y la otra en la cara sur del árbol. Escaló el árbol y Fran le siguió. A los minutos de otear en la lejanía bajaron los dos.
-Sígueme.-dijo Nathan tranquilo.
Recorrieron una línea bastante recta hacia el sonido del arroyo. Cuando llegaron encontraron un riachuelo de un metro de anchura que a veces se retorcía y realizaba pequeños saltos de como mucho medio metro de altura. Las hojas verdes y helechos se agrupaban a la orilla. Era una noche de verano bastante calurosa y pero la vegetación a los pies de los pinos era muy poca, pues se trataba de un suelo bastante pobre en verde y con más tonos marrones oscuros como de tierra húmeda.
-Espero que recuerdes como volver.- dijo Nathan sin expresión ni dejar de avanzar.
Pasaron a recorrer el río dirección norte sin sacar los pies del agua, que apenas cubría por encima de las rodillas, para evitar dejar rastro. Después de unos 20 minutos Nathan saltó del agua y se encaramó a un pino cercano del lado este del río. Fran se quedó esperando.
Nathan bajó rápido y se acercó a marcar de nuevo un árbol.- Tienes que ir de nuevo al punto donde dejé las marcas. No te acerques. En el momento que puedas controlar la zona y veas las marcas súbete a un árbol y quédate vigilando. No ataques. Sólo vigila.
-¿Qué hago si me descubren?
Se detuvo con la zarpa llena de pelo que tenía por mano -Reza porque no aullen.
Fran creyó sentir como sus intestinos muertos se removían inexplicablemente en su estómago y sin detenerse más tiempo echó a correr hacia la zona indicada volviendo por los pasos recorridos.


Cuando alcanzó a ver la zona donde se encontraban los árboles marcados escaló a uno de los árboles más gruesos que encontró. Decidió subir hasta arriba para echar una ojeada. Las puntas de los pinos se movían bailando con la suave brisa de viento caliente proveniente del sur como si de un baile se tratase. La luz de la luna alumbraba la cima rocosa hacia el sur pero no alcanzaba a ver nada en ninguna de las otras direcciones. Sólo un poco de luz se vislumbraba en dirección al pueblo.
Cuando bajó bien pudieron pasar dos horas hasta que hubo algo de movimiento.
Se trataba de una cierva que se acercaba a uno de los árboles cercanos como olisqueando con el morro hacia arriba. Se movía lento pero sin miedo. Según Fran era un animal demasiado confiado para el lugar donde estaba y su comportamiento también resultaba del todo cuestionable, pero decidió esperar.
La cierva olisqueó el resto de árboles y el central. Luego olisqueó el suelo y en un momento saltó corriendo hacia el mismo lugar del que había venido. Maldita sea, igual debería haber hecho algo...

A la media hora pareció haber movimiento otra vez. Pero esta vez no se trataba de una inofensiva cierva. Era un hombre. Se acercaba acechando la zona, con pasos lentos hasta la zona marcada.

Las marcas no parecían llamarle la atención. Pero miraba alrededor en busca de algo... o de alguien. Fran pensó que debería actuar. Igual podría ser ayuda. Igual ese era el plan de Nathan.
Después de pensarlo unos minutos y sin poder aguantarse más realizó unos silbidos en dirección al hombre, que se giró hacia él.
Se agachó lentamente y salió una sombra de su brazo que empezó a acercarse hacia Fran rapidamente. Parecía ser alguna especie de roedor, bastante grande para ser un ratón normal.
La bestia que se acercaba se paró a unos metros del árbol de Fran y comenzó a hacer algunos ruidos... Fran intentó escuchar con atención.
- Baja.... Cobarde...- parecía decir la gran rata en su peculiar idioma.
Fran abrió los ojos como platos y se quedó unos segundos pensando en lo que había dicho la rata como si no estuviese del todo claro. De repente volvió a la realidad y bajó decidido a plantar cara a lo que él mismo había buscado.
La rata volvió a su dueño pero al llegar a él pareció haber un pequeño diálogo entre los dos y la rata se fue en otra dirección.
Fran se acercó despacio hacia él. Cuando estaba aproximándose a unos 10 metros del cuadrado se dio cuenta de que la cierva de antes estaba rondando la zona como esperando mientras comía la poca hierba que encontraba.
-Soy Peryl, caminante del bosque negro. ¿Quién eres tú?
-Yo soy... Fran.
Peryl era un tipo bajito de tez morena. Su acento sureño hacía pensar a Fran que se trataba de uno de sus compatriotas,... o tal vez italiano o griego. Sus ojos rojos como el fuego causaban terror, o al menos inseguridad. Debe ser su maldición... 
Después de una explicación de por qué estaba en el bosque sólo espiando el paso y de quién había realizado los cortes en la madera, Peryl parecía conocer a su Sire y ofreció su ayuda de inmediato.


Llevaban medio camino hacia el río cuando oyeron ruidos de madera rota y resbalones en la tierra que bien parecían provenir del lugar donde debía encontrarse Nathan. Parecía estar en apuros.
Peryl, que lo había escuchado más claramente, dejó de seguir la ruta segura de huellas y salió corriendo de modo inhumano en línea recta hacia el origen del sonido. Fran le siguió como pudo.


Nathan estaba rodeado por tres tipos de negro que llevaban armas como bates de béisbol y puños americanos. Uno de ellos tenía garras. Antes de que Fran se diera cuenta Peryl estaba impulsándose con un árbol para llegar dándo un salto sobre uno de los combatientes que tenían rodeado a Nathan.
Fran sin dudarlo aumentó su velocidad y se dirigió al que tenía los puños americanos a la derecha de Nathan. Gritó a la vez que sus manos de dedos largos se convirtieron en garras afiladas y cuando se encontraba a unos metros de su contrincante, que estaba un poco sorprendido, se tiró resbalando con las piernas por delante y dirigió sus garras directamente a las piernas del pobre individuo. Este hizo un gesto de intento de saltar para esquivarle pero no fue lo suficiente rápido.
Cuando Fran había dejado atrás a su oponente, este aún estaba cayendo por su propio peso hacia delante mientras se miraba a sí mismo como se separaba su muslo de la parte inferior de su rodilla.
Fran se recuperó y volvió a por él saltando con las garras por delante. Cuando el indefenso vampiro se había dado la vuelta en la tierra sólo pudo ver la expresión de odio de la cara de Fran mostrando sus colmillos. Su estomago había sido atravesado por ambas garras en el momento de girarse.
-¡Fran! ¡Atento! - Nathan gritó mientras dejaba fuera de combate al del bate de béisbol al partir el bate con su garra y golpearle con sus duras (aunque estropeadas) botas en la boca.

Fran sintió un empujón relativamente débil para la criatura que pudo ver al volverse para defenderse.
Se trataba de un engendro de dos metros con forma de hombre pero que más parecía un lobo a dos patas. No tenía ningún tipo de ropa, pero viendo la cantidad de pelo que le recubría el cuerpo no parecía necesitar algo semejante. Gruñó mientras habría sus fauces y golpeaba con una de sus patas traseras sobre el suelo. Fran se colocó en posición de defensa con las garras por delante y seguidamente el licántropo le golpeó con una de sus garras lanzándolo a varios metros de distancia.

Nathan se interpuso entre ellos y le gritó a Fran que se encargara de los otros. ¿Los otros?
Fran miró hacia la pelea de Peryl. Parecía defenderse bien pero su contrincante era duro de roer. Más allá, riachuelo arriba, se acercaban dos lobos enormes y otro salía disparado en dirección hacia el este. Fran se interpuso entre Peryl y los lobos y miró a su sire que se batía como podía con una fiera que él no había visto en su vida... ni su no vida. Su bestia interior quería salir para sacarle de allí en cuanto pudieran. Pero Fran hizo un esfuerzo sobrehumano y se negó rotundamente a caer en el descontrol abandonando a sus compañeros.

El lobo que se alejaba de los otros dos parecía tener como objetivo otros tres hombres que se acercaban hacia ellos, uno con un arma de fuego que empezó a disparar contra el lobo.

Los lobos se acercaban cada vez más, Peryl acababa de tirar a su contrario al suelo y lo remataba haciendo crujir su cuello con una patada. Fran pensó en como podría acabar con esa fiera. El otro parecía bastante fuerte.

Nathan salió despedido unos siete metros en una de las embestidas del lupus, pero se levantaba de nuevo rechinando los dientes y presentando batalla una y otra vez.
Fran vio que se acercaba uno de los lobos hacia él y decidió esquivar su placaje ocultándose detrás del árbol que tenia a su lado en el último momento. Esto sólo le dio unos segundos ya que el lobo se volvió casi instantáneamente. Ahora eran el uno contra el otro y se miraron a los ojos durante unos segundos que parecieron a camara lenta. Entonces los dos saltaron y se enzarzaron rodando por el suelo.

Fran intentaba evitar sus mordiscos dándole uno y otro zarpazo. El lobo parecía duro, pero Fran sentía que podría con él. Consiguió separarse de él pero cuando intentó levantarse el lobo le mordió el pie y le tiró de nuevo al suelo. Aunque el mordisco resultaba especialmente doloroso, como si le desgarrara de una forma que no había sentido nunca, hizo de tripas corazón, se reincorporó como pudo y sentado propinó un zarpazo que le obligó a soltarle. Cuando el lobo volvió a atacar, Fran colocó las garras en forma de gancho y resolvió a incarlas en el pecho desnudo del lobo que saltaba intentando morderle la cabeza. El lobo gimió y en segundos se convirtió en lo que parecía una piel inerte dejando babas en la cara de Fran que tenía la espalda contra el suelo y apenas se le veía debajo del cuerpo inerte del lobo.
Peryl a unos metros peleaba con el lobo restante y Fran seguía luchando con su bestia interior. No puedo huir ahora...
Se levantó arrodillado y vio como el cuerpo de su sire estaba en el suelo y la gran bestia se acercaba peligrosamente con pasos pesados pero cada vez más cerca de él.
Un paso. Otro paso. Otro paso. Peryl no podía ayudar. Otro paso...



Paradoja - Capítulo 7 - Cortando cables

9 de Noviembre de 2010.
02:16 am. Alcantarilla de la mansión Toreador. Dresde

Habían pasado ya dos horas desde que entrara allí. No estaba animado y eso no ayudaba.
Vaya mierda de noche... No tengo ganas de subir ahí arriba pensó.

La alcatarilla seguía igual de monótona. Nadie se había movido detrás de las rejillas. Nada. Pelos miraba de soslayo a su amo. Parecía comprender lo que le pasaba. Pero también parecía que no le importaba en absoluto. Seguía limpiándose el morro cada 5 minutos. Como de costumbre.



Parece que se escucha algo ahí fuera... A los cinco minutos alguien golpeaba suavemente la rejilla por donde el debía entrar en algún momento.
Un chico de unos 25 años estaba golpeando con una barra llamándole desde el interior del edificio.
Fran dudó un momento y se incorporó rápidamente para acercarse.
-Soy Ferdinand, ¿vienes por Frosch? - preguntó el tipo rubio que se encontraba con la cabeza cerca de la rendija pero la suficiente distancia de seguridad que pudiera ser necesaria.
-Sí, ya era hora. ¿Son eso sirenas?
-Parece que ya han activado las alarmas. Tenemos que ir rápidamente arriba. El edificio se está quedando vacío.
-Pensaba que sólo iban a apagar las luces y no iba a haber alarmas...
-Lo mismo digo. - Ferdinand estaba abriendo la rendija con ayuda de Fran.

Una vez dentro, en la bodeja se dispusieron a subir rápidamente para buscar el ansiado objeto.
Pero al subir por la escalera a una habitación del piso bajo no encontraron ningún tipo de persona o vampiro. Sólo objetos tirados por el suelo, como si hubieran salido con mucha prisa del lugar. Los muebles parecían estar intactos. Las luces seguían encendidas. Debe haber algún motor que haga saltar luces de emergencia... pero todas las luces siguen encendidas...

Subieron entonces al siguiente piso, por indicación de Ferdinand, con precaución por si se encontraban con resistencia de algún tipo.
Al llegar se encontraron con un largo pasillo recorrido por una alfombra roja. Esta vez siniestramente decorado con sangre en las paredes y trozos de papel decorativo de la pared se deshilachaban hasta llegar al suelo o colgando aún formando girones.
Al fondo del pasillo había un cuerpo un poco extraño para ser de un humano. Se encontraba con una posición nada natural en el suelo con la cabeza y el hombre derecho levantado apoyados en la pared. Eso permitía ver su cara desgastada por lo que parecía haber sido, sino alguna década, casi un siglo.
Parecía una momia vestida de lo más elegante con un traje negro y camisa blanca... agujereadas.

Decidieron entrar por la primera puerta a la izquierda antes de seguir el pasillo a lo que parecía la puerta de una habitación de una persona importante.
La habitación parecía ser una sala de exposiciones, pero no la que se mostraba esa noche. Era amplia y tenía espacio suficiente para más obras de las que había. Las estatuas y otros grandes objetos eran difícil de reconocer debido a la tela blanca que recubría cada uno de ellos. La luz estaba apagada pero una de las ventanas estaba abierta y dando ciertos golpes aritmicos debido al viento.

A Fran no le gustaba el detalle de la ventana. Además juraría que había visto moverse una de las telas de un modo bastante extraño para ser la corriente. Paró a Ferdinand con la mano izquierda e intentó mirar más fijamente la zona donde creía haber visto algo. -Sal de ahí, quien seas.- Exclamó.

La sombra detrás de la tela se movió como intentando ocultarse más. Era obvio que la inquieta tela de la estatua no le estaba ayudando a ocultarse.
Cuando el blanco se retiró para mostrar una figura bastante humana detrás de ella, esta se alzó de un salto y se movió rápidamente hasta 5 metros de Fran con lo que parecía un arma en la mano. Fran ya le apuntaba cuando, gracias a la poca luz de la luna que se difundía por la habitación le permitió discernir el rostro de Irvin. -¡Maldita sea, Irvin!
-¿Le cononces?
-Claro, él es el que se encargaba de apagar las luces y...
Antes de que terminara la frase, Irvin bajó el arma rápidamente y con una mueca de preocupación le cortó: -¡No me dio tiempo a cortar ningún cable! He venido en cuanto he podido después de escuchar la alarma. Subí por el acanalado de la fachada.
-¿Que no has cortado los cables?
-No, alguien más estaba interesado en entrar aquí esta noche.
-Eso explica los cuerpos y el desastre ahí fuera.
-¡La piedra! ¡Tenemos que encontrarla!- salió de la habitación como un rayo y los dos restantes le siguieron.
Ferdinand entró en la habitación del fondo del pasillo ignorando el cuerpo en el suelo.
Cuando entraron Fran pudo llegar a ver un cuerpo saltando por la ventana entreabierta a su izquierda.
Dio un salto hasta llegar a la ventana y vio a cuatro personas distintas alejarse por el jardín a través de los arbustos. Era difícil asegurar cuál era el que había salido de un salto, si es que no había tenido una especie de aparición. De todos modos, parecía sentirse de nuevo un poco más animado.

Al darse la vuelta, vio a Ferdinand mirando en el suelo entre papeles y distintos objetos de oficina que se esparcían por lo que parecía ser un despacho de alguien adinerado. El escritorio parecía de madera maciza tallado de una forma un poco anticuada según el gusto de Fran. Dos cuadros que aún se mantenían medianamente en la pared representaban batallas de la época napoleónica. Uno de ellos tenía el motivo de una carga de caballería contra una infantería de soldados con colores verdosos y rojizos en su uniforme que esperaban desordenados lo que parecía su fin.
En los muebles no había un cajón en su sitio. Las puertas estaban abiertas y lo que seguramente había pertenecido a su interior se encontraba ahora haciendo una desordenada alfombra de atuendos caros pero pisoteados.
Irvin buscaba en un tocador algún objeto de valor.
-No puede ser, no está aquí.- murmuró Ferdinand lo suficiente nervioso como para que lo escucharan sus dos compañeros.
Pasaban los minutos y todos los objetos que encontraban Irvin y Fran parecían carecer de valor para Ferdinand. Era demasiado tarde, la policía podría venir y complicarle las cosas. Eso si no volvían los que habían decorado la pared con sangre y su número no era suficiente como para acabar con una manada que ha hecho escapar a una cantidad respetable de vástagos de la Camarilla.
-Tenemos que irnos - dijo Irvin inquisitivo- no podemos quedarnos aquí para siempre.
-Posiblemente se lo hayan llevado ya.-agregó equivocadamente Fran.
-¡No puedo irme sin ese objeto! ¡Me ha costado demasiado encontrar su ubicación! - gritó Ferdinand -¡No puede ser! ¡No puede ser!- repetía sin control.
Fran e Irvin se miraron. Al dar un paso, Fran chocó con una bola que le hizo mirar hacia abajo. Debajo de su pie parecía haber un recorte de periódico. En lo poco que se podía leer en ruso en el pie de foto decía algo así como "Asesinato ... Leipzig ...". En la foto, otro cuerpo mutilado. Fran levantó la vista mirando a Irvin - Esto podría ser...
Antes de que acabase de hablar, Irvin había dado un golpe en el tocador metiendo un cajón que había extraído anteriormente y meneó la cabeza hacia un lado forzando el entrecejo como mandando un mensaje a Fran.
Fran dejó de hablar al momento y se guardó el recorte en el bolsillo.
-¡Tenemos que irnos!-repitió Irvin a los dos minutos.
-Iros, yo me quedo mirando. No puedo irme sin esto... - Ferdinand se encontraba de rodillas en el suelo revolviendo todo lo que encontraba de forma totalmente caótica - Yo...-dijo pasusadamente- no puedo irme sin entregar esto a Frosch.
-De acuerdo. Nosotros nos vamos, ten cuidado.- Irvin hizo un gesto a Fran, y Fran le guió hasta las alcantarillas.


Una vez fuera se fueron rápidamente en el coche al refugio. No podían arriesgarse a quedarse allí esperando. - Frosch ya nos llamará,... muéstrame ese papel.
Fran le leyó lo poco que podía reconocer. -¿Crees que puede tratarse del mismo tipo del que hablaban las noticias en la República Checa?
-Creo que eso es todo lo que podemos esperar... No tenemos nada más.

Llegaron al refugio. Fran le preguntó a Irvin si podía buscar algo en eso que llamaban Internet para poder ayudar en la investigación mientras Irvin miraba otros documentos en el refugio. Irvin le enseñó los principios básicos de búsqueda. Fran se fue afuera a la luz de la luna a buscar con el portatil la poca información que pudiera encontrar.
Pudo ver algunas entradas de periódicos que hablaban de un mismo Modus Operandi para los distintos asesinatos. Definitivamente parece haber alguna relación...
Fran se fue al interior y se lo comentó a Irvin. -Tendremos que ir a Leipzig. ¿Vienes?
-Si no tengo nada más que hacer...
La noche se iba haciendo día con el paso de los minutos y los dos vampiros caían dormidos con los primeros rayos del sol que dibujaban tonos rojizos en el cielo.




Paradoja - Capítulo 6 - La fiesta

8 de Noviembre de 2010.
19.23 pm. Refugio Brujah en Dresde


Después de unos diez minutos de haberse levantado, Fran decidió ir a alimentarse después de que Irvin le advirtiera de la posibilidad de no dormir en casa por culpa de la noche que acababa de empezar.

Fran estaba acostumbrado a quedarse en pequeños pueblos en las afueras, donde la gente eran trabajadores de campo en su gran mayoría. Y sino se encontraba entre ciudad y ciudad, pero solía evitar las grandes concentraciones de gente. Esa noche, cuando salió de caza tuvo una razón más para tener más cuidado la próxima vez a la hora de alimentarse.

Debido a la alerta en la ciudad, las presas escaseaban por alguna razón en la zona donde fue a cazar y habían planeado encontrarse en una hora delante del refugio para ir a la zona donde habían quedado con el tipo del día anterior. Eso le daban 5 minutos para alimentarse y volver tan rápido como pudiese. Ese día por las prisas no pareció importarle el extraño olor que despedía la mujer que atrapó en el parque. Le había parecido que caminaba normal, que estaba sana. Pero ese extraño sabor en la sangre...

Cuando volvía al refugio empezó a notar cierto aumento en su sensibilidad visual. Las luces de las farolas le molestaban un poco. Pero Fran se sentía bien. Se sentía incluso animado, a pesar de las más que seguras dificultades que se econtrarían esa noche.



Cuando volvió, Fran apenas notó la mueca que hizo Irvin al verle paseando alegre hasta él. Irvin le preguntó si le había pasado algo raro, pero Fran sólo contestó que no deberían esperar tanto tiempo. -Venga, vamos a lo que tenemos que ir. No perdamos el tiempo.
-¿Seguro que estás bien?- repitió Irvin.
-Por supuesto, ¿tiene algo de malo estar animado? - contestó Fran efusivamente mientras se disponía a mirar a Pelos y a acariciarle de tal modo que al pasarle la mano desde el morro a la espalda parecía que le iba a sacar los ojos de las órbitas al hurón.

Se metieron en el coche y se dirigieron al punto de encuentro con su contacto.


Allí estaba de nuevo esperándoles. Irvin y Fran se acercaron.
-Buenas noches, colega, ¿vamos a entrar ya?-Preguntó Fran animado.
-Todavía no hemos hablado de nada, acabáis de llegar - dijo sorprendido mirando a Irvin.-¿Qué le pasa a tu compañero?- preguntó.
-No sé, creo que ha tomado algo raro esta noche...- dijo Irvin.
Fran miraba hacia abajo evitando mirar las farolas. Cada vez brillaban más. O eso parecía.
-Ah, por cierto, no nos han presentado- dijo dirigiéndose a Fran- me llamo Frosch.
Fran extendió la mano observándola como si una extensión de plástico se tratara. Frosch vaciló por un instante, pero al fin se dieron la mano.

Comenzaron a hablar de la estrategia de entrada.
-Tenemos que infiltrarnos en esa casa y coger un objeto. Debido a la situación de la ciudad habrá bastante seguridad... Ya es extraño que la fiesta siga adelante,... pero por lo visto estaban invitadas personajes importantes de la sociedad humana de Dresde y no quieren levantar sospechas sobre la situación del príncipe. Entre otras razones,... supongo.- Explicó Frosch- es una fiesta organizada por miembros del clan Toreador... Muchas figuritas y tonterías dibujadas en lienzos.- Miró a la mascota de Fran.- Yo tengo a alguien infiltrado que os abrirá desde dentro. Vosotros tendréis que hacer el ruido. Yo también estaré buscando desde dentro.
-¿Y no es mala idea meterse en una fiesta de un clan perteneciente a la Camarilla sin avisar y robarles algo que les pertenece? - preguntó Fran. Irvin y Frosch le miraron sorprendidos.-Pero no vamos a dejarnos ver...- respondió Frosch.
-No me parece buena idea. Podríamos complicar más las cosas. ¿Y si sale mal? Sería peligroso. Estaríamos contra ...
-Si queréis la información me tendréis que ayudar. - Cortó Frosch.
-¿Qué piensas de esto Irvin? - preguntó Fran. Aunque no parecía preocupado, sino extrañamente más bien motivado.
-Tengo que hacerlo por mi colega. No puedo echarme atrás ahora. Además él está con nosotros. Si sale mal sale mal para todos.
-¿Bueno... y cómo nos organizamos?
-Tenemos que apagar las luces... y dar la alarma para que la gente salga. Yo os podré abrir desde dentro... quizás, podríais entrar por las alcantarillas.
-¡Yo voy por las alcantarillas!- exclamó Dani - Estas luces me están matando...
-Bueno... entonces yo me encargaré de la luz. ¿Tienes algún mapa o algo que nos ayude a esto?- Preguntó Irvin.
-Os puedo mostrar el camino a seguir por la alcantarilla. Se trata de un alcantarillado especial para las dos o tres casas que forman parte del vecindario. Así que no tiene mucha pérdida... En cuanto al sistema eléctrico... - Frosch sacó un mapa que parecía abarcar unos 2 km cuadrados y señaló lo que parecía un caseto cerca de un edificio bastante voluminoso - aquí puedes cortar la corriente. En cuanto lo hagas nosotros intentaremos dar la alarma para que puedas entrar por la parte de detrás de la casa.
-Bueno... como sea... ¿puedo irme metiendo ya donde sea que tenga que meterme? - dijo Fran impaciente.
-Mira, por aquí vas tú- dijo Frosch señalando otro punto en el mapa - ahora vayamos a pie para no llamar la atención.

Se acercaron a la casa que estaba a unos 2 km de distancia de donde se habían encontrado.
Por el camino explicaron los detalles de cómo entrar en la alcantarilla y qué túneles seguir.
Irvin se separó para hacer sus trabajos de electricista y Frosch indicó a Fran donde debía de ir.

Cuando Fran entró en la alcantarilla por un desague del tamaño suficiente para que una persona de estatura normal pudiera entrar sin apenas agacharse. Él hubiera deseado encontrarse con una total oscuridad. Pero por desgracia para sus sensibles ojos se encontró con una de las más iluminadas que había visto nunca. Aunque tampoco se había metido en muchas, no se imaginaba que fuera así siempre.
Cruzó el habitáculo que era rectángular y tenía un cruce de camino a su destino. Cuando alcanzó la posición indicada vio una rejilla que bien podria dar a una bodega del edificio en el que tenia que infiltrarse. Alli debería de esperar a un tal Ferdinand. Un tipo rubio que le preguntaría por Frosch.
Pasó los primeros 20 minutos mirando y comprobando que no hubiera algo extraño en el suelo o las paredes. Pero todo parecía normal... Al cabo de media hora empezó a sentirse un poco desanimado. Se sentó contra la pared y el tiempo parecía interminable. Cuánto tarda Irvin en cortar dos putos cables...


viernes, 8 de enero de 2016

Paradoja - Capítulo 4 - El refugio

7 de Noviembre de 2010
00:15 am. Polígono Industrial a las afueras de Dresde

La sangre empezó a esparcirse por las líneas de la cruz hasta el final, deteniéndose exactamente en el punto en el que no había más tiza. Se oyó algo en una esquina de la nave, como una cerradura.
Irvin y Fran se acercaron hasta el lugar de dónde había venido el ruido. Pelos seguía dentro de la gabardina sin querer salir.
Después de retirar una mesa de escritorio metálica, bastante pesada para ser movida por una persona normal, descubrieron que había una compuerta que llevaba a algún lugar subterráneo debajo de la nave.
-Entremos dentro...- exclamó Irvin sacando una linterna.
-¿Una linterna? Qué sistema más obsoleto... - Fran no pudo aguantarse este comentario. -¿Quieres ir tú primero? ¿Tienes una idea mejor?- preguntó Irvin molesto, sabiendo que Fran podría ser bastante útil en este caso, pero sin querer darle la oportunidad de demostrárselo.-Igual puedo buscar los fusibles para poder ver ahí abajo.
-Yo iré primero - dijo Fran. Hizo una mueca con la cara que Irvin no pudo ver, pues ya estaba abriendo la compuerta y se dispuso a entrar.-Te aviso para que enciendas la luz cuando yo te avise, pero no antes.
Fran descendió. El aire estaba bastante cargado, como si hubiera estado cerrado desde hace mucho tiempo.
Había tres sofás desordenados y una mesa en lo que parecía un garaje para un grupo de jóvenes que lo utilizarían para ir a fumar y beber... además de otras actividades un poco más subiditas de tono. Al fondo había otra puerta con una cerradura.
Fran cerró los ojos unos segundos y avisó a Irvin para que bajara ya.
Irvin, que había encontrado los interruptores en una pequeña cavidad en la pared de bajada al local, encendió las luces y bajó.
-¿Qué se supone que estamos buscando? ¿Sabes qué es esto?- preguntó Fran.-Hace mucho que no entra nadie aquí.
-Se trata de un refugio de los míos... Aquí se supone que estuvo mi compañero a menudo, hace bastante tiempo.-aclaró Irvin.

Se acercaron a la puerta. Fran sacó la ganzúa que tenía desde antes de convertirse para poder abrir el cerrojo. Pero antes de que llegara a tocarlo, Irvin le detuvo. Se puso unos guantes de cuero. Acercó la mano lentamente. Se detuvo a unos centímetros. Esperó. Tras unos segundos tocó la cerradura.-Está limpia....-dijo volviéndose a quitar los guantes.- Ten en cuenta, que mi amigo, aunque Brujah, también tenía muchos amigos en el mundo vampírico... al menos en sus mejores tiempos.

Fran utilizó su querido utensilio y abrió la puerta. En ese momento hubo como una especie de corriente que entraba en la habitación donde se encontraban desde la cavidad recién abierta. Una habitación bastante pequeña con sólo un agujero en el centro, por el que podria caber una persona.-Por el olor juraría que esto da a las alcantarillas.

Irvin y Fran se miraron con extrañeza cuando oyeron como se cerraba la compuerta por la que habían entrado ellos anteriormente. -Vayamos abajo y esperemos a ver quién puede estar interesado en conocer lo que hay aquí abajo.-dijo Irvin.
Bajaron a las alcantarillas. Era una especie de habitáculo alargado con forma cilíndrica que se extendía en las dos direcciones. Al final de una de las direcciones se cruzaba otro pasillo formando una T. Irvin y Fran se dirigieron hacia alli. De camino vieron una subida al exterior con escalera.-Súbete arriba y espera a que pase por aquí el que nos sigue. Cuando pase por debajo le atacaremos por los dos lados.-explicó Irvin.-Yo me esconderé detrás de la pared a la vuelta de la esquina.
Fran se subió a la escalerilla y se colocó de forma que no se vieran sus piernas.

Se oía movimiento. Alguien saltó, y se escuchó como el agua salpicaba. Pero no se escuchó nada más. Parece que se mantiene quieto. Pensó Fran.

Después de unos minutos, Fran decidió acelerar las cosas y pidió a Pelos que hiciera de señuelo corriendo hacia Irvin. Pero Pelos no parecía muy seguro de hacerlo.
Después de un minuto que pareció interminable, Fran le ordenó de nuevo a Pelos que saliera corriendo.
Pelos salió disparado esta vez y se dirigió hacia Irvin. Fran saltó seguidamente, suponiendo que estuviera siendo perseguido...
Aquí no hay nadie. Pensó mientras veía a Pelos corriendo hasta el final del pasillo, cuando recibió una patada en la espalda. Se dió la vuelta y un hombre de estatura bastante alto, rubio, con ropa casual intentó golpearle de nuevo.-¡Aquí está! - gritó Fran- ¡Irvin, rápido!
Cuando el individuo vio a Irvin saliendo de detrás de la esquina, golpeó a Fran empujándolo y salió corriendo. Fran vio pasar a Irvin a toda velocidad a su lado mientras se recomponía y comenzaba a correr siguiendo a Irvin a duras penas. Después de 5 minutos corriendo vio a Irvin parado en un cruce de alcantarillas sin saber donde seguir...-Lo hemos perdido.-gruñó.
-Maldita sea- dijo Fran mientras miraba a Pelos, que llegaba el último correteando por las zonas más secas posibles.-Ahora será bastante difícil encontrar a ese de nuevo.
Esperaron allí unos minutos pensativos mientras Pelos intentaba recuperar algún rastro con el olfato. Pero era imposible con la peste que había allí abajo.-Vamos al coche.-concluyó Irvin.

Cuando llegaron a la altura del coche, Fran recogió su arma y la guardó de nuevo. Se sentaron en el vehículo e Irvin sacó unos papeles que parece había encontrado en la nave.-Ahora tendré que tirar de contactos. Pero no me gusta nada la idea. -dijo Irvin mientras rebuscaba entre los documentos.
-¿Por qué?- Preguntó Fran. Irvin miró por la ventanilla hacia la nave.-Se trata de gente que tiene mucha información, pero siempre quieren algo de más valor a cambio.
-Tienes que intentarlo, si es tan importante para tí. Yo puedo ayudarte, pero espero que entonces me des más información. - Fran trató de cortar de algún modo esa separación que siempre habia entre vástagos. Al fin y al cabo, no parecía tan mala esa sensación de compañerismo, aunque fuera temporal.

Irvin se lo pensó largo y tendido... Y al final realizó una llamada. Esta vez habló en alemán.
Hablaba con respuestas secas, sin ánimo de bromear y aunque parecía conocerle en persona, no mostraba amistad o simpatía en ningún momento, pero respeto.
-Tenemos que movernos, tenemos que vernos con alguien en un parque a unos 20 minutos de aquí.-dijo al colgar el teléfono.-Arrancó el coche y se dirigió al oeste de la ciudad.

Por el camino, Fran preguntó algunas cosas, respecto al caso que estaban tratando. No quería encontrarse en una emboscada sin saber por qué o en qué dirección seguir si todo se va al traste.
-Son temas secretos de nuestro clan. Pero también trabajábamos para el estado y para nuestros propios intereses.... Y hemos seguido haciéndolo ahora. ¿Y quién no? -preguntó retóricamente.

Eran casi las 3:30 cuando llegaron a los aparcamientos a las afueras de un pequeño parque. Antes de salir del coche, Irvin le pidió que le dejara ir a él sólo al encuentro del contacto y que él se quedara a una distancia prudente por si tuviera que entrar a ayudar.
Así hizo Fran, que se ocultó desde el principio entre los arbustos que había a cada uno de los lados del camino serpenteante que llevaba hasta una fuente en forma de Elipse que se encontraba en el centro del parque. Había solamente una farola que alumbraba la fuente y el principio de cuatro caminos, cada uno en una dirección, que salían a partir de ella. Desaparecían en la oscuridad, la cual aprovechaba Fran para infiltrarse con Pelos buscando una posición ventajosa cerca de su compañero.
Irvin paseo hasta el borde de la fuente y se detuvo con una pose lo más casual posible. No parecía nervioso, tenía la mirada fija en la fuente, y de vez en cuanto miraba a un lado o a otro, pero fijándose más en los grandes árboles que le rodeaban que en los caminos.
A los 15 minutos apareció un hombre negro bastante fuerte, con un abrigo de invierno de lo que parecía ser una chaqueta de una Universidad local. Se acercó a Irvin y comenzaron a hablar.
Parecían dialogar sin ningún tipo de problema o discusión.
Fran intentaba fijarse en el meneo de los árboles y los arbustos por el viento, por si en algún momento, no fuera un animal o... algo peor, el causante de tal movimiento. Parecía ser un día frío pero el cielo estaba despejado y se veía una luna menguante demasiado débil como para ayudar en su vigilancia.

Estaba forzando su poderosa vista mientras vigilaba lo que parecía un raro brillo detrás de uno de los matorrales cercanos a la pareja que dialogaba tranquila en el centro del parque. Los brillos se convirtieron en movimientos, y los movimientos comenzaron a ser bastante sospechosos. Puso sus ojos en esa dirección como si no existiera otro punto que observar y vió lo que parecían dos cabezas agachadas. Lo vio tan claro como si sólo existiera un muro de hojas agujereado de espacios más grandes de que las hojas mismas.
La luz de la farola vibró tenuemente con un final potente e instantáneo para volver a tener el mismo tono triste y flojo que tuvo durante toda el tiempo desde que llegaron.
-Pelos, quédate aquí...-susurró Fran antes de levantarse apuntando a los matorrales con "su" M16. Pero Pelos no estaba ahí. Se encontraba en ese momento subiendo a una rama del árbol más próximo. ¿Pero qué coño haces? dijo para sí mismo.
Salió de su escondite decidido a evitar lo que parecia inevitable, apuntando con el arma y gritó:- ¡Cuidado! ¡Tenemos compañía!
Pero era demasiado tarde. Antes de acabar la frase, dos individuos saltaban desde los matorrales con una katana y un bate de béisbol y se abalanzaban contra Irvin y su interlocutor. Irvin disparó una ráfaga, pero aunque pareció impactar en uno de ellos, no los detuvo y siguieron con su ataque.
Fran, que no se atrevía a disparar mientras estaban sus compañeros por medio intentó acercarse a la pelea lo más rápido posible.
Detrás del matorral, al otro lado de la fuente hay otro espiando, escuchó una voz conocida en sus pensamientos. Era su mascota, que oteaba desde la rama en la que se había posicionado.
Por fin apareces pensó Fran. Pero este pensamiento fue a la vez que su pensamiento de tener que atrapar a ese espía que podría ser de uno o de otro bando, quién sabe.
Corrió hacia el otro lado de la fuente dejando atrás a sus compañeros. No parecían necesitar demasiada ayuda. No Irvin, por lo menos.
Cuando se acercaba un tipo salió corriendo en dirección contraria a Fran adentrándose en el parque de árboles. Fran lo siguió hasta donde pudo. Hoy se me escapan todos... se culpó. Pero se quedó rastreando y mirando hacia arriba en los árboles. Parecía haber algo extraño... sobrenatural en una de las ramas del árbol que tenía directamente al lado. -Sal de tu escondrijo, baja y no te pasará nada.-gritó con cierta calma. pero nadie contestó. Probó una y otra vez. Y cada vez estaba más seguro de que no se equivocaba y que había alguien ahí. Viendo que no podía perder el tiempo, apuntó con su arma y disparó sin apuntar exactamente a ningún sitio pero dibujando un circulo en el aire.
Se escuchó un gruñido y de repente empezó a ver como si desapareciera la materia que se encontraba en una de las ramas, como si se unieran muchas partículas de algo desconocido para formar una figura de un hombre, que salia de la nada. Cayeron gotas de sangre sobre su chaqueta. -¡Baja!-gritó ahora con desafío.
Viendo que no se movía, sino que subía más, empezó a escalar, mientras sus uñas crecían velozmente y su mano se hacía más grande y mas potente. Cuando estaba cerca de él, le clavó las uñas, atravesándole más allá de los músculos y los huesos en la zona del tobillo. Tiró de él y lo lanzó al suelo.
El hombre cayó pegándose contra dos o tres ramas en el camino y gritando de dolor. Fran saltó encima de él y vió que estaba bastante herido como para poder moverse. Lo cogió poniéndoselo en el hombro y se dirigió rápidamente a la zona del combate.

Cuando llegó vio que aún seguían batiéndose. Pero el contacto, sin ningún tipo de arma le tocaba contra el que tenia la espada, y parecía necesitar ayuda. Fran dejó su peso en el suelo y de un zarpazo le arrancó el pie a su presa para que no se fuera. Salió corriendo a ayudar rápidamente al contacto.
Se situó detrás del de la katana y le arrancó un trozo de su flanco con la garra, a lo que este cayó enseguida al suelo y a sangrar sin poder hacer más que balbucear.
Por otro lado Irvin le daba un puñetazo al bate, partiéndolo en el camino de la trayectoria con la que su contrario le intentaba golpear, y aprovechando los segundos de extrañeza de su contrincante le golpeó en la cabeza con la empuñadura de su Glock, dejando aturdido y arrodillado en el suelo. A continuación le preguntó: -¿Quién os manda?- y le apuntó con la pistola.
No contestaba, le escupió en la mano.
-No le mates, puede que nos pueda contar algo - dijo Fran.
El contacto le miró y le dijo: -No importa matarle.
Fran miró con algo de desprecio, y se puso a un lado.
-Habla ahora.- Dijo Irvin.
No dijo nada. Tras escasos 5 segundos, Irvin apretó el gatillo a bocajarro varias veces. El que estaba arrodillado hace un momento desapareció en forma de ceniza con la fuerza del viento provocada por los últimos disparos.
-No tienes por qué defenderlos. Parece que has interrogado pocas veces. Si no hablan ahora, no hablarán nunca- explicó Irvin.
-Bueno, parece que tenéis mucha idea en estas cosas... yo no suelo hacer esto.- aclaró Fran, un poco asustado por la frialdad y el modo de actuar de Irvin. Había visto eso alguna vez. Pero nunca con la frialdad de un vampiro.
La farola volvió a brillar tenuemente para dar de nuevo la misma luz que anteriormente.
-Aún queda uno al que podemos preguntar.-dijo Fran. -¿A ese cenicero?-preguntó el negro señalando en la dirección donde Fran había dejado al espía. En ese momento se convertía lentamente en ceniza, empezando por la zona desprovista de su pie, y consumiéndose lentamente.
A sus pies, el de la Katana, parecía ser un Ghoul que ahora presentaba facciones de un viejo decrépito. Estaba muerto.
Fran se agachó y cogió la Katana buscando si había una saya detrás del cuerpo o en los arbustos desde donde atacaron.-Ahora... ¿qué?
El negro agradeció la ayuda prestada y comentó de nuevo lo que le había contado a Irvin. Se supone que tendrían que realizar un trabajo para entregar algo al señor con el que habló Irvin por teléfono. Por lo visto, éste era un esbirro del mismo.
Pelos apareció corriendo desde los matorrales y se le subió al hombro a Fran. -Gracias compañero- susurró Fran. Pero no hubo respuesta y Pelos se acurrucó en el interior de la gabardina.
-Viendo que sois un grupo tan... reducido, me veo obligado, en parte como agradecimiento, a formar parte de vuestro equipo temporalmente... porque no creo que fuérais capaces de infiltraros para conseguir el objeto que tenemos que extraer... sin ser vistos.-explicó el contacto con un acento del este de Alemania.-Yo me encargaré de la infiltración. Vosotros haréis de señuelo. Si todo sale bien, conseguiréis la información que necesitáis. Pero hoy tendremos que descansar. Es tarde, el sol se pondrá en menos de una hora. Buscad un refugio... si puede ser alejado del centro... No es seguro. Mañana nos vemos en el punto que os indicaré cuando llaméis a este teléfono -metió la mano en el bolsillo del abrigo y extendió la mano hacia Irvin con un papel.- Estaos atentos.-terminó de explicar. Se dio la vuelta y se fue por el mismo camino del que había venido.

Irvin miró el papel, guardó el número en su móvil y se encaminó al coche. Fran lo siguió.
Irvin condujo a una casa a unos 10 minutos de donde estaban.-Aquí podremos pasar la noche. Sé que no es de tu gusto, pero es un refugio de los nuestros, y es seguro, según mi colega.-dijo Irvin.

Salieron del coche. Entraron una bodega exterior de una casa y cerraron la puerta detrás suyo.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Paradoja - Capítulo 3 - Dresde

6 de Noviembre del 2010
8:36 pm. Sajonia. Cerca de la frontera

Fran salió de la bodega para alimentarse de la misma anciana que les había dado cobijo ese día. Pobre mujer...
Los dos se montaron en el coche e Irvin tomó la carretera dirección Dresde. -¿Cómo es que tienes una mascota?- preguntó Irvin extrañado. –Es un buen amigo que me acompaña desde hace tiempo.-contestó Fran.
-Pero me extraña que no te tenga miedo. A mí ni se me acercan...-Irvin se quedó pensativo- ¿Le conociste después?-continuó. –Me acompaña desde mucho antes del abrazo.-Dijo Fran y se quedó mirando hacia fuera de la ventanilla. El campo estaba parcialmente nevado pero parecía que los equipos antinieve ya habían esparcido la sal por las carreteras.
Después de un tiempo, cuando se acercaban a las afueras de la ciudad, Irvin comentó que le gustaría quedarse unas noches en Dresde para avanzar en cierto tema persona. Le preguntó a Fran si le importaba que parase antes de ir al centro para saludar a un viejo amigo y de paso recabar un poco de información antes de presentarse ante el príncipe. A Fran no le importaba quedarse unos días en la ciudad y aceptó esperar para viajar juntos a Berlín más tarde. Pero viendo que cada vez tenía más claro que pasaría más tiempo con este compañero espontáneo intentó saber un poco más sobre sus asuntos personales.
-¿Por qué no crees que haya sido nadie del Sabbat los que hicieron aquello en la casa que vimos?- Preguntó Fran. –Esos tíos no tienen interés en organizarse para cometer asesinatos. No necesitan jactarse de haber realizado los asesinatos. Los recipientes no son tan importantes. Quizás puede haber algo detrás de eso. Quizás nada.-Explicó Irvin. –Últimamente hay mucho movimiento por los alrededores, en la frontera, y por eso tenemos que tener todo en cuenta para que no se nos escape ningún detalle. Mi deber es proteger el principado actual. Aunque no me importe demasiado... En realidad lo más importante es que la mascarada se mantenga... y estos grupos no ayudan demasiado.
-¿Pero como están las cosas en Berlín?-se interesó Fran.
-La verdad es que todo sigue como siempre. Dos príncipes separados por el muro...-dijo Irvin. Fran miró a Irvin con cara extrañada.-Creía que eso del muro ya fue historia hace tiempo-comentó Fran.
-Hace mucho que no has estado en Berlín ¿verdad?- preguntó Irvin. A continuación le explicó la situación de estabilidad temporal en la que se encontraba Berlín. Dos principes que querían mantener su poder y mantenían la guerra fría que se suponía eliminada hace años en el mundo humano. –Me da igual que sean de mi clan... Soy bastante crítico con su comportamiento. La Camarilla permite este juego por miedo a un mal mayor.
El viaje prosiguió sin mucho tráfico por la carretera y al llegar a las afueras de la ciudad le preguntó a Fran lo más educadamente que pudo si podría dejarle un poco alejado del lugar al que se dirigía por razones de seguridad para su contacto en la ciudad. Fran preguntó si era posible conocer el también a su colega e Irvin accedió con la condición de preguntar primero si su contacto aceptaba tal visita.
Dejó a Fran en una calle residencial que no parecía ser muy frecuentada y continuó con el coche.
Fran se paseó buscando algún coche bonito por la zona pero sin alejarse demasiado del lugar donde le habían dejado, pues recordó que aún no tenía ningún modo de volver a contactar con Irvin. La verdad, es que estaba depositando demasiada confianza para no conocerle más que de una noche. Pero también podrian haberle dejado morir la noche anterior.
Encontró un coche descapotable bastante llamativo y jugueteó intentando abrirlo para pasar el tiempo sin tener mucho éxito. Después de una media hora volvió a aparecer Irvin. No parecía muy contento de haber visto a un colega, aunque era difícil definir exactamente su estado de ánimo, sino estaba enfadado.-Tenemos problemas- exclamó repentinamente en cuanto Fran se sentó en la parte del copiloto.-No creo que podamos detenernos para saludar a mi amigo. Tengo noticias bastante graves y tengo que ir a otro sitio cuanto antes.
Dresde había sido atacada. No había principe y no se sabía su localización. Entrar en Dresde dejó de ser una buena idea. No tendrían que presentarse ante nadie. Al menos eso era algo positivo para ambos, a ninguno le gustaba demasiado la burocracia territorial.-No tienes por qué venir conmigo, pero deberías buscar un sitio donde quedarte, a las afueras de Dresde, si quieres seguir conmigo a Berlín-comentó Irvin.
Fran le ofreció su ayuda si la necesitaba... pero para ello tendría que contarle algo más, pues no le gustaba arriesgar su pellejo sin tener ninguna idea de por qué.
-Nadie te obliga a seguirme. La ayuda me vendría bien, y también te puedo contar algo, pero hay cosas que no puedo largar, se tratan de temas propios de mi clan –explicó Irvin.
-Te escucho - aceptó Fran.
-Se trata de un problema que tiene raíces en la enemistad de los prínciples de Berlín.-comenzó a explicar Irvin con cierto tono amistoso . – Busco a un amigo mío, que hace tiempo fue desterrado de Berlín del Oeste por ser considerado un espía del este. Pero sólo por su procedencia de Rusia... En realidad él nunca pasó por Berlín del Este. Pero para mí también son muchas cosas un poco borrosas... Mi amigo estaba metido en temas bastante secretos y no me contaba todo lo que sabía. Sin embargo era un tío que me demostró a menudo que podía confiar en él. Tanto antes como después de nuestra muerte. Fuimos compañeros de trabajo largo tiempo. Ahora no sé dónde se encuentra, y sólo voy siguiendo las pocas pistas que puedo encontrar mientras cumplo mi deber para con el príncipe del Oeste...
-Dime qué tenemos que hacer. ¿Se trata de algo peligroso? ¿Esperas encontrarte con problemas?-preguntó Fran. Pero Irvin le comentó que se trataba sólo de seguir recabando información. –Pero quién sabe... No te puedo prometer que estemos sólos. Al fin y al cabo, ahora mismo nos encontramos en una ciudad sin ley.
Fran decidió ayudarle y por ello Irvin arrancó enseguida y se dirigió directamente al lugar donde habría de encontrar lo que le llevaria un poco más cerca de los pasos de su amigo desterrado.

Llegaron a un polígono industrial que parecia construido hace bastante tiempo pero tenía muchas naves que parecían ser utilizadas aún en la actuaildad. Pararon ante una de las naves y salieron del vehículo.
Fran recogió la M16 confiscada la noche anterior del maletero y la escondió debajo del coche. Se acercaron un poco a la nave y vieron que había videovigilancia.-Tendremos que entrar de algún modo, pero sin llamar la atención- dijo Irvin con preocupación.
Fran miró a su mascota. -Ve a morder los cables de aquella cámara- le ordenó. Pelos salió disparada para subir a la cornisa del edificio acercándose a la cámara. Una vez allí, mordió los cables de conexión y un piloto LED rojo de la cámara dejó de brillar. Volvió en cuestión de minutos.
-La tienes bastante bien educada, desde luego.- afirmó Irvin con adulación. 
Se dispusieron a entrar en la nave por una puerta secundaria, donde al parecer no había ninguna otra cámara de seguridad.

La nave parecía ser destinada a la industria del metal. En un lado había muchos perfiles para la construcción y máquinas bastante grandes para corte de los mismos. Al otro se encontraban mesas de trabajo y zonas que parecían ser para soldadura, por los plásticos casi opacos que hacían de cortinas para protección de la vista. A Fran todo esto no le resultaba nada nuevo y sentía casi nostalgia de su antiguos días como diseñador de máquinas.
-Tenemos que buscar documentos. Lo que sea que te parezca demasiado extraño para estar en una nave industrial... Yo miraré allí arriba - explicó Irvin señalando hacia la zona de oficinas a las que se podía subir por medio de una escalera metálica.
Fran se puso manos a la obra mirando todos los recovecos. Vio planos de distintos grupos de construcción, diseños de estructuras varias y muchos libros técnicos. Herramientas normales y corrientes, recipientes de gas y aceites varios... Pero había algo que le llamó bastante la atención. Un grupo de ratas muertas, situadas de una forma bastante poco natural y una cantidad bastante inusual de insectos también muertos. Podría ser por utilización de veneno... -Pelos, ¿qué te parece esto?-. Pelos se acercó a los animales muertos y olisqueó los insectos. No se los comió y de repente saltó de nuevo a las piernas de Fran y subió hasta meterse dentro de la gabardina asomando sólo el hocico. Un poco más adelante, se veía una especie de cruz de indicación dibujada con lo que parecía tiza.
Fran llamó a Irvin y le gritó desde abajo que había encontrado algo.
Irvin descendió con tranquilidad y se acercó. Observó con interés lo que Fran tenía delante suyo. -Según la reacción de Pelos, creo que esto no es cosa de un veneno normal.-comentó Fran.
Irvin pidió un minuto a Fran para hacer una llamada. Se alejó unos metros y después de esperar unos segundos con el móvil en la oreja, empezó a hablar en ruso. Fran supuso que era su lengua madre. Aunque el alemán, lenguaje que habían estado hablando desde que se conocieron, también lo hablaba bastante bien.
Al volver, le pidió que se retirara un momento. Se arrodilló al lado de la cruz, se hizo un corte en el dedo y derramó sangre en el centro de la cruz.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Paradoja - Capítulo 2 - Voluntarios (Recuerdos de Fran)

La imagen se hizo clara. Estaba corriendo con su MP40 en un bosque hacia lo que parecía un claro. Delante de él y sus camaradas se dejaba entrever un pequeño lago a través de las capas de niebla espesa que levitaba por el terreno. Llevaban corriendo 30 minutos hacia el norte desde que empezaron a bombardear la zona del campamento donde habían decidido descansar el día anteior. El cabo López y el teniente Ayende corrían a su derecha. Ramírez, paramédico y colega de juergas, a su izquierda. Hacía mucho frío.

Caían algunos obuses cercanos a su posición, pero ellos corrían en busca de un lugar donde pedir refuerzos. Pronto estaban a la orilla del bosque y pudieron ver una granja abandonada a la que el teniente ordenó dirigirse.

Al llegar a las vallas, se encontraron con resistencia. Una batería de ametralladora en el lateral de la casa defendía la posición.
Ayende decidió separar. Ramirez y Fran atacarían el flanco, y ellos les cubrirían por el frontal.

Fran se acercó a la batería por el lado. Ramírez le seguía. Lanzó una granada de mano entre los sacos del nido y eliminó fácilmente al soldado. Cuando se acercó para mirar por la ventana que estaba al lado del nido, escuchó voces alemanas gritando.
Creyó que estaban provocando fuego amigo y gritó a Ramirez que debería informar de ello al resto del grupo.
Él esperó parapetado detrás de la ventana controlando los movimientos del interior. Podía ver un pasillo. Dos puertas a los lados cercanas a él, unas escaleras más adelanta a la derecha que parecían llevar a la bodega y más adelante otras dos puertas.

De pronto salieron dos soldados rusos de las escaleras y Fran disparó sin ningún tipo de reparo. Abatió a los dos soldados y se dispuso rodear la casa gritando a Ramirez que volviera.

Desde fuera intentó asegurar la planta baja. Miró a través de la ventana en la habitación a la izquierda, donde se encontraba el salón comedor. Había una mesa para comensales llena de papeles y un escritorio con un sistema de radio que estaba encendido. La siguiente habitación era un cuarto con una cama.
Fuera de la casa, en la parte trasera había una especie de establo o taller con una puerta grande.

Cuando miró ya desde el otro flanco de la casa, vió que López y el teniente habían entrado en la casa.
Fran entró y pidió mirar arriba, pues había encontrado puerta para subir a la buhardilla de la casa en una habitación. Mientras, los otros dos esperaron que viniera más gente del pelotón. Ramirez se quedó protegiendo fuera desde el nido de ametralladora.
Cuando estaba subiendo vio salir a alguien saltando por la ventana. Salió corriendo para dispararle desde arriba, pero cuando llegó a la ventana el ruso había sido eliminado por Ramirez. Fran miró a su alrededor. Observó que había un cuerpo de un alemán en el suelo. Acababa de morir, por el charco de sangre que se extendía bajo su cabeza.

Se oyeron disparos en la planta baja y Fran corrió para ver lo que pasaba. López y Ayende habían descendido a la bodega. Fran y Ramirez fueron también. Observaron que había cuerpos de ambos bandos. Pero parecía que habían estado sacando información de dos soldados alemanes. Uno de ellos estaba aún atado a una silla, sentado, pero su rostro era irreconocible. Había una mesa escritorio con documentos y otro aparato de radio que parecía haber sido destrozado en el tiroteo.

Cuando subieron avistaron nuevos enemigos que se acercaban por la carretera cercana a la casa en un coche. Salieron varios soldados y se dispusieron a rechazarles sin ningún problema. Pero después vieron un tanque a lo lejos.
Fran recordó que igual podría haber un vehículo en el establo y fue allí con Lopez para cubrirle. Cuando abrieron la puerta, vieron un coupé de línea bastante barata. Fran sacó la ganzúa, cruzó dos cables y arrancó el coche enseguida. Para López, había sido más como si tuviera las llaves él mismo, por lo que le preguntó si su oficio antes de venir de voluntario era robar coches.

Fran movió el coche hasta la parte frontal de la casa, donde el tanque no podría ponerle como objetivo.
-Tenemos que aguantar aquí hasta que venga la caballería. ¡Camaño! Avisa por radio y da las coordenadas para que acaben con ese blindado - ordenó Ayende con templanza.
Fran dio las coordenadas por radio, pero viendo que tardarían demasiado propuso hacer de señuelo para el tanque. Ramirez le acompañaría.

Cuando salieron con el coche se enfrentaron de nuevo al único soldado que quedaba de los que habían salido del coche de la carretera, y acabaron con él fácilmente después de que Fran maniobrara de tal forma que Ramirez lo tuviera a tiro. Entonces fue cuando doblaron de nuevo dirección contraria al tanque y aceleró al máximo... Pero no por mucho tiempo. Unos segundos más tarde, se oyó una explosión, el vehículo empezó a volar y a dar un giro en el aire. Con el primer golpe contra el suelo, Fran perdió el conocimiento.

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Despertó, mirando a su derecha. Estaban bocabajo, y Ramirez empezaba a despertarse también. Era tarde, estaba acabándose la luz. Tenemos que haber estado mucho tiempo inconscientes tirados aquí y dados por muertos. 
Rápidamente, cuando se dio cuenta de la gravedad de la situación, intentó despertar del todo a Ramirez z le gritó que tenían que salir de allí cuanto antes. Con dificultad, consiguieron arrastarse fuera del vehiculo y comenzaron a correr hacia el bosque desde el que vinieron esa misma mañana.

Cuando estaban dentro del bosque vieron que dos soldados venían desde la zona más frondosa, y detrás suyo a través del pequeño lago otros tres. -¡Maldita sea!-Gritó Fran entre dientes - nos hemos metido en la boca del lobo.

Se atrincheraron y empezaron a disparar para defenderse. Cayeron dos, uno de delante y otro de la zona del lago, pero ahora estaban debajo de un fuego enemigo continuo. No parecía haber mucha salida.
De pronto dispararon a Ramirez en el hombro, a la vez que el acababa con los que le cortaban el paso de camino al bosque. Fran cogió a su compañero e intentó meterse con él en los hombros. Pronto venían más desde la casa. Seguramente hayamos perdido esta parte del terreno... A saber si el pueblo donde estábamos al principio es ahora zona rusa... Pensó.

Fran dejó a Ramirez en el suelo y volvieron a intentar disparar a los que se les acercaban, que habían reducido su número de disparos, como si quisieran atraparles vivos.
Fran se acercó a un árbol e intentó amedrentarles para ganar tiempo con una ráfaga de disparos, pero en ese momento le alcanzarón en una pierna, con lo que cayó al suelo.
-No vamos a poder ir a pescar cuando volvamos a España. -Dijo Ramirez mientras recargaba el arma. -¡Pero habremos "pescado" al menos unos cuantos rusos!- dijo Fran.
Cuando Fran había terminado la frase, Ramirez se levantó como pudo y empezó a disparar como un loco a los que se le acercaban. Mató a dos, pero lo pagó caro con un tiro en la parte superior del pecho, cerca del hombro. Cayó al suelo quejándose y maldiciendo.

Siguieron defendiéndose ferozmente. Tiraron una granada que se encargó de otro soldado ruso. Y otro cayó en la orilla del lago herido. Ramirez vió la herida de su compañero, y sabiendo que el no tendría probabilidades de sobrevivir con su última herida, le ayudó con el torniquete que se intentaba hacer. Fran con apenas experiencia en ese campo, se dejó guiar, viendo que su compañero estaba más interesado en salvarle a él que a sí mismo. Los disparos se continuaban.

-Sigue sin mi, no podremos con ellos aquí, y yo no puedo moverme...-dijo Ramirez. Fran miró a Ramirez. Estaba sangrando muchísimo, le salia por la boca y empezaba a balbucear sin poder apenas hablar.
Volvió a disparar una ráfaga sin mucho efecto. Cuando miró de nuevo a su compañero, este estaba quedándose dormido. Se acercó a él. Ramirez levantó su mano como pudo, con sus últimas fuerzas. Fran la cogió con fuerza y en unos segundos su compañero y amigo desde que se conocieron en la brigada antes de ir al frente, ya no apretaba con la mano. Estaba dormido... y en minutos muerto.
Descansa en paz... murmuró, y a continuación cogió algunas cosas que podría necesitar del kit de primeros auxilios de su compañero caído y una granada para reponer su armamento. Se armó de valor, se levantó y echó a correr hacia dentro del bosque.

Miró hacia atrás, vio un fogonazo de una granada que explotaba exactamente donde estaban atrincherados los dos hace un momento y de repente, después de la luz de la explosión, vio de nuevo todo oscuro...


9 de Noviembre del 2010.
8:30 pm. Sajonia. Cerca de la frontera


Abrió los ojos. Estaban en la bodega donde él e Irvin se habían quedado la mañana anterior, en casa de la anciana. Se sentía consternado y una gran pena. Encima suyo, sobre su pecho, Pelos le arañaba con las manitas en la cara.
-Qué pesadilla más mala, qué mal he dormido esta vez...-le dijo. Pero al ver a Pelos, se sintió un poco aliviado.- Ramirez.-añadió.
Pelos le quitó una golosina de su bolsillo y se escabuyó entre las cajas.
Parece que él no estaba todavía allí...

lunes, 23 de noviembre de 2015

Paradoja - Capítulo 1 - Una noche movidita

5 de noviembre del 2010.
11:23 pm. En la frontera con Alemania.

Las últimas noches en Praga fueron un poco duras. Demasiado loco chupasangre. Fran al menos tenía las ideas claras, y tampoco le gustaba compartir sus noches con la multitud.

Hoy había escogido hacer autostop, una forma bastante extraña para viajar. No solía hacer algo así, pero tenía que permanecer cuanto menos tiempo en esta zona. Estaba infestada. Después de 3 horas de viaje le dejaron en un pueblo llamado Petrovice, cerca de la frontera.

Siempre iba acompañado de Pelos. Un hurón un tanto especial al que le gustaban las pasas y sentarse en su hombro mientras iban paseandose por toda Europa. Pero Fran era un despistado, y como no pocas veces, se olvidó de su mascota al salir del coche. Y siguió adelante a buscar algo que hacer aquella noche.

Andando por la calle y cruzando el pueblo, que aunque pequeño, tenía algo de vida por la noche, llegó a las afueras preguntando por un parking, donde "habría dejado su coche". Esto hablando un ruso bastante básico, que aprendió en la segunda guerra mundial. A veces probaba con el Alemán. Se le daba mejor. Y la gente de aquí parecían tener una influencia bastante grande de parte germana... Seguramente muchos alemanes cruzaban las fronteras para conseguir algunas cosas por precios más bajos y muchos de sus habitantes vivían con sueldos del otro lado de la frontera.

Caminando por la acera vió a alguien que se encontraba en el suelo. Un joven yacía bocabajo. Al acercarse vió que sobre todo lo que estaba era borracho. Le miró los bolsillos encontrando unas llaves que parecían ser de su hogar, una cartera y unos condones, de poco interés para su vida actual. El joven no era capaz de contestar a sus preguntas de quién era, o dónde vivía. Lo más que llegaba a hacer era balbucear.

Levantó al joven y lo empezó a arrastrar a otra zona mientras el joven medio dormitaba. Un minuto más tarde, Fran recibió una patada por la espalda, a lo que tiró al joven al suelo y dándose la vuelta, preguntó al otro individuo, que supuestamente le había propinado la patada, qué se supone que estaba haciendo.
-Es mío, vete antes de que te meta una paliza.- gritó.
Fran le pidió que se fuera, que de todos modos no lo necesitaba para nada especial. Pero el chico le volvió a golpear. Fran se defendió, y cuando vió el otro, que no podía con él, salió corriendo hacia las afueras del pueblo.
Fran, sin dudarlo le siguió 4 o 5 km más allá de lo que se podía considerar zona habitada hasta que lo perdió al meterse en un campo frondoso poco cuidado. Maldita sea, me acaba de confirmar su naturaleza...
Vio que había una casa al otro lado de la carretera por la que habían seguido corriendo y se acercó a la casa.
Cuando se estaba acercando, oyó un disparo. Alguien se atrincheraba con un fusil en lo alto de la casa.

Fran echó a correr hacia la casa. Cuando se estaba aproximando le salieron dos chicos a su paso. Llevaban ropas bastante maltratadas. Rajadas de arriba a abajo. Eran dos chicos de pelo rubio castaño largo bastante descuidado.

Fran intentó entablar conversación con ellos, pero el bate de béisbol que asomó uno con su mano derecha, pareció dejar bastante claras las ideas de ambos. Fran se defendió de los primeros intentos para acobardarle y pensó que sería necesario utilizar su garra para acabar con ellos cuanto antes. Porque no se trataba de humanos.

La pelea estaba bastante igualada pero no podía arriesgarse a algo así. Se trataba por lo menos de tres vampiros.
Echó a correr en dirección a la carretera pero pronto llegó el que estuvo persiguiendo al principio justo delante suyo. Todo pintaba que la victoria estaba cada vez más de parte del numeroso grupo de Sabbat con el que se había encontrado.

Quién me pide ir hacia una casa abandonada donde me ha guiado un imbécil en medio del campo... pensó.

Cuando todo parecía perdido apareció un vehículo parecido a un Jeep que se metía en el campo a toda velocidad. Fran aprovechó el desconcierto para dar una patada en salto al que le venía de frente. Los de detrás se quedaron ensimismados mirando el coche aproximarse a toda velocidad.

Mientras Fran se batía con el que fue el señuelo, el vehículo atropellaba a uno de los dos que le perseguían. Cuando el coche paró, salieron dos hombres, uno con ropa oscura pero elegante bajito, pero bastante corpulento, portando una pica. El conductor salió con una M16 y empezó a disparar al que habían atropellado, que se levantaba asombrosa facilidad.
Fran escuchó un disparo lejano, y de pronto se vió arrastrado por una fuerza enorme hacia el suelo. Le habían alcanzado desde la casa en la pierna.
El de la pica se abalanzó a por el que quedaba con un salto para cortarle en dos. El que fue atropellado saltó contra el que le disparaba desde el coche y se enzarzó con él, que ahora no parecía tan emocionado en distancias cortas. En eso, otro disparo impactó contra el coche. Seguidamente una gran explosión que hizo añicos el coche y a los dos que estaban pegados a él. Por otra parte, dejó al de la pica un poco desorientado.
Fran aprovechó para lanzar un zarpazo desde el suelo al que tenía en frente, que debido a la explosión había quedado un poco magullado por metralla. Al ver que le había dejado fuera de juego, miró hacia la casa y vió que tenía que acabar con el francotirador: Se levantó con dificultad y corrió dirección a la casa.

No duró 10 metros y un disparo le alcanzó de nuevo, en el hombro, haciendo que su parte superior se mantuviera en el lugar del impacto y sus piernas siguieran hacia delante por inercia como si hubiera resbalado. Cayó al suelo bocarriba y soltó una maldición. -Tengo que curarme, como siga así no saldré de esta.

Por el rabillo del ojo observó como el que quedaba en pie, que había salido del coche con una pica, había acabado con el que quedaba en la parte frontal de la casa y ahora se iba directo a la casa.

Fran prefirió cubrirse como podía en el suelo mientras intentaba concentrarse en regenerar sus tejidos destrozados de la pierna. El francotirador parecía estar ahora más preocupado por lo que se le venía encima, por lo que no hubo más disparos.

En algún momento, mientras intentaba pensar que hacer después de curarse se acordó de Pelos, su mascota. ¡Seré imbécil! Esta vez no me la perdona... Se apretó la pierna a modo de autocastigo.

Cuando habían pasado unos minutos y Fran creyó que ya podría hacer algo, se levantó y fue a la casa. Subió arriba y vió al loco de la pica de espaldas. Delante de él sólo había cenizas. -Gracias por la ayuda- dijo Fran.

-¿Qué haces aquí sólo peleando con un grupo de Sabbat?- preguntó con expresión tranquila- Tienes suerte de que estuviéramos pasando por aqui. Estamos intentando limpiar las fronteras de Sabbat por aquí, antes de que se acerquen demasiado a nuestra zona. Necesitan ayuda por aquí.

Fran se interesó por dónde les dirigía su misión y qué iba a hacer después de quedarse sin vehiculo.
Tenía la misión de investigar la zona pero ya tenían que volver. El nuevo "aliado" le invitó a acompañarle al sótano de la casa.
Al bajar se encontraron con una habitación con cuerpos colgados con charcos de sangre en el suelo, que parecían llevar alli no más de dos días. Además había periódicos que la pared a modo de decoración y en la mesa escritorio que había al fondo del cuarto, había papeles y documentos con anotaciones, además de un kit de herramientas metalicas para... cortar y abrir cosas.
Fran intentó leer con esfuerzo los distintos periódicos. Algunos estaban en alemán, otros en checo o ruso.
Hablaban de un asesino en serie. Habia fotos bastante sangrientas que mostraban escenas de crimen muy explícitas.
-Aquí no había nadie del Sabbat. Creo que llegaron más tarde y le espantaron... o quizás sí que sea un miembro de la secta, pero desde luego, tiene que ser un cabecilla. Porque un idiota como los de antes no pueden ver más allá de chupar sangre y pegarse cabezazos contra una pared.

Se quedaron un tiempo mirando y comprobando que no se dejaban nada interesante.
-Me interesaría ir contigo hacia el norte. Allí es donde me dirijo. A cambio podria ayudarte con estas cosas.-se interesó Fran. -No hace falta que me ayudes, son cosas que nos incumben a nosotros, no tienes por qué mezclarte. Al fin y al cabo, los de tu calaña no están muy interesados en seguirnos los pasos, según tengo entendido.-comentó con una sonrisa. No parecía tener intención de faltar, sino que era más un modo de hablar, una pose.-Pero puedes venir conmigo si quieres hasta donde creas necesario.-añadió.
-Pero antes he ir al pueblo a solventar algo-contestó Fran.

Quedaron en verse de nuevo cuando hubiera terminado.

Volvió sobre sus pasos al lugar donde había empezado a pasear por el pueblo y buscó a su mascota.
Estaba cerca, olisqueando el suelo. Al verla, le pidió que viniera y le ofreció una golosina a modo de disculpa. Pelos, se acercó. Subió hasta su hombro, cogió la pasa y se dio la vuelta poniéndole la cola en la boca. -Perdóname, la próxima vez estaré más atento...- intentó disculparse de nuevo.
Pelos, le miró, se acercó al bolsillo de la camisa, cogió una pasa más, y se premió a sí mismo, volviendo a la posición de desprecio anterior. Ya se le pasará...pensó Fran.

Cuando volvió a encontrarse con su nuevo compañero de viaje, fueron a buscar un coche para desplazarse, se adueñaron de un pequeño coche familiar y condujeron a través de la frontera destino Dresde en busca de una casa o un lugar donde descansar antes de que saliera el sol. -Me llamo Irvin, por cierto-se presentó. -Vengo de Berlín - añadió.

Llegaron a una casa grande también bastante alejada en el campo. Esta vez había gente en su interior.
Llamaron a la puerta y una señora anciana habrió la puerta. Irvin la miro fijamente a los ojos y dijo:-Hola, tia, vengo desde muy lejos para visitarte con un amigo, ¿te acuerdas de mí? ¿Podemos quedarnos hoy a dormir?
La señora se quedó unos segundos como pensativa, pero a la vez adormilada. Después de cerrar los ojos y abrirlos de nuevo lentamente contestó animada- Sí, ¡por supuesto! ¿Cuánto tiempo no...hijo...?
Irvin avanzó dirección a las escaleras para la bodega y la pidió que les dejará hasta la noche siguiente.
La señora parecía vivir allí sola. Fran estaba impresionado por la facilidad con que Irvin podía haber controlado a la pobre viejecita. Aunque, tampoco se trataba de una víctima demasiado poderosa, él no conocía esas habilidades.

En la bodega había una cama, y algunas mantas para poder tirarse, además de cajas y muebles viejos que no les interesaba lo más mínimo.
Irvin se acostó en la cama. A Fran tampoco le importaba demasiado dormir en el suelo, sino más bien tener que dormir con otro vástago en la misma habitación... Pero también podría estar ahora mismo hecho cenizas...