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sábado, 2 de septiembre de 2017

De la evolución natural de las sociedades su hipocresía inherente

¿Creéis que el instinto y nuestra naturaleza influye en la sociedad y como nos comportamos? Es innegable pero, ¿en qué grado?
Es cierto que el comportamiento de las personas socialmente hablando ha cambiado según la corriente filosofica y cultural que ha influído cada civilización desde tiempos remotos. Los pueblos se han mezclado y relacionado. Algunas veces por medio, por ejemplo, de comercio pacífico. Otras, desgraciadamente, por medio de las invasiones llevadas a cabo por generales o dictadores megalómanos resultando con la muerte y desgracia de miles o millones de personas. Y digo desgraciadamente porque se trata de la imposición de leyes y moral a base de sufrimiento y dolor y, en la mayoría de los casos, implicando una desigualdad política y social enorme entre los victoriosos y los vencidos. Aunque el resultado sea (según los valores de cada cual, o cada sociedad) moralmente aceptable o mejor que el anterior. Como ya digo, esto es relativo, no sólo a la sociedad, sino también a la época de la que hablemos. Si el fin justifica los medios, es algo que vosotros mismos habéis de saber. Yo no entraré en ese tema ahora mismo, pues mi objetivo no es hablar de si una sociedad es más respetuosa o menos, o si la sociedad romana era mejor que la griega o la fenicia. Me gustaría centrarme en la controversia que supone la aplicación de leyes morales en la sociedad, en si es beneficioso y sus consecuencias.

Los seres humanos somos animales. Razonamos y esto nos hace "superiores" al resto de seres vivos sobre la faz de la tierra. Y lo pongo entrecomillado porque para muchos este don o esta capacidad nos hace, a la vez, menos humanos paradójicamente. Cuando tratamos la humanidad como bondad, misericordia y ayuda al prójimo. Pero en realidad, como todo ser vivo, nuestro objetivo es la supervivencia y la transmisión de nuestros genes a las generaciones posteriores. Ahora bien, nuestra humanidad nos obliga a ser condescendientes y respetuosos con nuestros prójimos y con otras seres vivos... hasta que surge nuestro animal interior para defender nuestra estirpe, nuestra familia, nuestros intereses de supervivencia o nuestra especie. El miedo a lo desconocido tiene como consecuencia inmediata la aniquilación de aquello que nos asusta o, por lo menos, la aniquilación de la sensación misma poniéndonos a salvo de esa supuesta amenaza. Puedo estar hablando de una araña inofensiva, de mantenerse a una altura peligrosa o de una persona amenazando con un arma. Y ¿a qué viene todo esto? Las leyes fueron creadas para cumplirlas. Antiguamente estaban unidas a leyes religiosas y lo siguen aún en algunos países. Éstas se crean para una mejor convivencia en la sociedad. Para evitar que la gente robe. Mate. Explote a otras personas. Para ser exactos, para que la gente tenga miedo de robar. Matar. Explotar. Pero también para que cumplan con obligaciones impuestas por la sociedad. Para que trabajen unas horas determinadas. Para que cuiden del mobiliario público. Para que sus hijos sean educados en la cultura y moral propia de su sociedad. ¿No está penado evitar llevar a tus hijos al colegio para una educación básica? Hablamos muchas veces de sociedades libres porque pensamos (o nos hacen pensar) que somos libres y que lo que se hace, ya de un modo automático, es algo lógico y aceptado moralmente. Hasta tal punto de que se ataca y demoniza a aquel que no es igual y "hace lo que debe hacer". La sociedad misma se transforma entonces en víctima y verdugo de sus individuos.
No entraré en la posibilidad de esquivar estas leyes, hacer que tus hijos se críen en otro tipo de ambientes o que para algunos sea más fácil salir impunes después de haber cometido atrocidades, muchas veces gracias al poder adquisitivo. Son fallos (o no) de ese sistema social contruido para una convivencia pacífica. Pero funciona con la mayoría. La gente no mata, no roba o no viola. ¿Por miedo a las consecuencias sociales? ¿Quizás por supervivencia? Las consecuencias sociales influyen directamente en la supervivencia. Nadie quiere estar en la cárcel hasta la muerte, o 20 años perdiendo la juventud entre rejas.
Se puede sacar la conclusión de que la sociedad crea unas reglas en conjunto para controlarse a sí misma y suprimir su instinto natural, por lo menos hasta cierto punto.
Ahora bien, existen muchos tipos de sociedades. Muchas culturas. A cada cual más  o menos primigenia. Más o menos políticamente correcta. La cuestión inevitable es cuál de ellas es mejor para el ser humano. ¿Es mejor la que respeta nuestro instinto antes que el bienestar general? ¿Es el bienestar general algo inmutable? ¿Quién decide cuáles han de ser las consecuencias de romper este bienestar general?

Desgraciadamente nos encontramos en un mundo repleto de sociedades hipócritas que hablan de respeto al prójimo pero actúan macroscópicamente a su vez según sus propios intereses como si se trataran de individuos. Niños pequeños que luchan por conseguir la piruleta más grande y que son capaces de hacer la zancadilla a aquel que se interponga en su camino. O de aplastarle la cabeza a aquel que ya se encuentra inmóvil e indefenso tirado en el suelo. Sólo para llegar un poco más alto o evitar tener más competencia. Pero, ¿cómo es posible que existe un bienestar sabiendo que estamos destruyendo otras sociedades y con ello matando de hambre a otros individuos, violando los "derechos humanos", robando la riqueza de sus tierras,...? Las sociedades, como he dicho, se retroalimentan con su propias leyes y su moral. También se crean formas de evitar que la gente se pregunte por qué viven tan bien y otros tan mal. Por qué muere tanta gente de hambre en el mundo. La diversión, el ocio, el consumismo, las mentiras que borran el principio de conservación de nuestra propia especie sabiendo que somos tantos en el mundo. Y unas cuantas ONG que por un módico precio al mes limpian nuestros pecados y nos ayudan a lidiar con nuestro mal estar y la culpabilidad. Unos pocos invierten más y otros menos o nada. Unos arriesgan sus propias vidas y otros prefieren alegar que ayudar no sirve de nada o que el dinero se usa para otros fines que no divulgan.

Una vez mencionada esta drogadicción de las sociedades para inmunizarse contra su propia hipocresía respecto a otras, paso a los individuos dentro de una sociedad concreta y me gustaría centrarme en las costumbres.
Las costumbres, como bien se definen por sí mismas, llegan de tiempos anteriores repitiéndose y pasando de generación en generación. Muchas de ellas han cambiado muy poco, y otras son totalmente distintas o han sido eliminadas por muchas causas distintas. En lo que nos atañe, aplicaré la razón que viene por imposición social. Modificación o elminación por no ser moralmente correcta.
Por tomar un ejemplo conocido para la sociedad a la que pertenezco por nacimiento, hablaré de la tauromaquia. Es algo cultural que se lleva haciendo desde hace muchos años y supongo con muchos cambios en sus costumbres. Tiene cierta gracia que lo que muchos españoles ya no aceptamos, o incluso, criticamos fervientemente, es atractivo para otras muchas culturas y no siempre mal visto. De hecho a veces puede llegar a ser incluso alabado.
Existen leyes contra el maltrato animal, las peleas de perros o gallos. Se prohíbe matar animales para consumo humano si no se respetan algunas normas. ¿Estáis pensando lo que estoy escribiendo ahora mismo? Hubo hace tiempo alguien que escribió cuál era el modus operandi legal y, probablemente, moralmente aceptado, para matar un animal. Lo hay para utilizar fertilizantes en el campo (con consecuencias nefastas en muchas especies cuya existencia, por supervivencia, no nos interesa prorrogar. Por supervivencia. ¿Es necesaria la creación de excedentes que más tarde van a parar a la basura por no ser vendidos o consumidos? Poca gente ve lo que pasa con la basura una vez desaparece en el contenedor de su casa. Pocos saben dónde va a parar ese plástico que cubre el nuevo dispositivo, o aquella bandeja de embutido.
Reciclaje. Aquella mentira que queremos (o nos quieren) asegurar que debemos conocer y aprender. Hemos de acostumbrarnos, hacerlo día a día. Hablaba antes de la donación a una ONG o la visita a un país pobre en ayuda humanitaria como un modo para la limpieza de nuestra culpabilidad por tener todo cuando otros no tienen nada. Es decir, la expresión más clara de la solidaridad humana que aún tenemos pero por interés suprimimos gracias a otros incentivos de ocio y comodidad. Pues bien. Cuando se habla de ecología y respeto a la naturaleza, y la sociedad abre los ojos viendo la cantidad de residuos que se generan y las consecuencias de los mismos, esta misma exige de algún modo que se acabe con esto. Que se encuentre una solución. Esta solución lógicamente no ha de ser la mejor o la más respetable, por lo menos si se puede ocultar. Ni qué decir vista desde el punto de vista de una persona que vive a miles de kilómetros del lugar con una cultura distinta. Pero es una solución que respeta nuestros valores como sociedad consumista. El reciclaje. Nadie quere dejar de consumir pero sí se necesita hacer algo para el bienestar social. Ver que se toman medidas para ello. El reciclaje es una invención necesaria en una sociedad consumista que mitiga el mal estar de la mayoría y permite la continuidad de este estilo de vida, egoísta y autodestructivo.

Con los avances tecnológicos cada vez somos más conscientes de que, aunque podamos moldear cada vez más cosas a nuestra voluntad, todo tiene consecuencias. Afortunadamente algunos de los errores que se cometieron por desconocimiento de esas consecuencias se evitan activamente actualmente. O se han tomado las medidas oportunas para reducir las posibilidades de que ocurra una catástrofe. Y cuando digo catástrofe, me refiero a algo que afecte directamente a la especie humana. Paradójicamente, los avances tecnológicos van unidos a la investigación de métodos más eficientes de tener la supremacía frente a otros. Lo que supone esclavizar, robar, aniquilar a nuestros iguales para conseguir lo que nos interesa. Y esto, señoras y señores, en mi opinión, es una evolución natural equilibrada y que corresponde a la evolución social. Nadie desea una guerra, pero tampoco morir o que le quiten lo que "les pertenece". Y aquí entra de nuevo el miedo, asustar a la sociedad con el peligro de perder a sus seres queridos, lo que poseen, sus comodidades. Entonces la guerra se convierte en una forma legítima de defender tus intereses. Todo suena mejor cuando "defiendes tus principios, tu familia, tus posesiones". Pero en muchos casos se trata de "atacar para extraer los bienes necesarios de otras sociedades para mejorar o mantener nuestra comodidad, sobrevivir y que nuestros seres queridos vivan dignamente".

A diferencia de los animales, las sociedades humanas necesitan esa parte psicológica que acalle la parte racional cuando se trata de respetar los principios mas instintivos de la supervivencia.
No se trata de una sociedad enferma, se trata de grupos de animales con capacidad de raciocinio. Es algo natural y que ocurre a cualquier nivel, pues lo mismo se puede hablar de la Familia de Menganito, como del barrio de la Calle de Arriba, del pueblo de al lado, de un país, de un grupo religioso, de una sociedad de empresas o incluso de un club de amantes de los delfínidos.

Es interesante mirar atrás, leer libros o documentos o ver videos de tiempos pasados donde la realidad era distinta a la actualidad y ver las diferencias tan enormes que existen. Lo que antes nos parecía una sociedad enferma es ahora mismo normal. La manifestación de una idea que antes parecía lógica y respetable, puede ser actualmente razón suficiente para acabar preso con una de las peores condenas.
Esta evolución social resulta cuanto menos interesante. Sea la dirección que sea la que tome, siempre habrá un influencia de nuestra naturaleza en la sociedad pero difícilmente podremos borrar lo que somos y reiniciar eliminando nuestro instinto de supervivencia. Siempre existirá controversia y habrán sociedades con las que comparar y para criticar o alabar. Pero el punto al que quiero llegar es que esta evolución social, de un modo u otro, da vueltas sin fín alrededor de un punto común. Todo cambia, para bien o para mal, mejorando o empeorando la interrelación de unas comunidades con otras. Pero la supervivencia propia y de los tuyos siempre estará por encima de cualquier movimiento social, industrial, político o de cualquier otro tipo.

                  
Creo que muchos olvidan que seguimos siendo animales. Si en el renacimiento se ensalzaba la figura humana y la antropología, creo que ahora estamos en la deshumanización y el ataque a las costumbres e instinto animal. Y digo deshumanización en el sentido de que dejamos de ser animales humanos para ser ositos gusiluz veganos, asexuales y pacíficos                      
Es una vergüenza y va contranatura, el desarrollo de nuestro cerebro nos va a dar cada vez más dolores de cabeza (nunca mejor dicho)

martes, 25 de abril de 2017

De la simbiosis necesaria para la evolución social

Se trata quizás de algo infinitamente coetáneo. De algo de lo que el presente, no puede deshacerse.

Antes de seguir divagando en mi pensamiento, debería aclarar de lo que hablo para que el lector no siga, sino que me acompañe en la exteriorización de mi pensamiento.

Evolucionar y estar en continuo cambio. Esto se puede aplicar a muchas cosas. Pero ahora voy al grano y dirijo toda mi energía hacia el entendimiento de la evolución social y sus normas no escritas.
Es como una enfermedad que combatimos de continuo. Con gran esfuerzo, grandes revoluciones y choques colosales entre naciones, pero que a su vez se ven representadas en el más pequeño de los detalles que se entreven al analizar, por ejemplo, un saludo entre dos personas. Imágináos la cantidad de factores que podrían volatilizar la opinión preliminar de una persona sobre una escena concreta de la vida cotidiana si sólo cambiásemos los detalles. Un saludo entre una mujer y un hombre. Un saludo entre un extranjero y un nativo. Entre un homosexual y un heterosexual del mismo sexo. Entre un ciego y una persona sin ningún tipo de problema de diversidad funcional. Ya no hablemos de cambiar el lugar del encuentro o el tiempo que hace. Pero no quiero entrar en la parte meteorológica.

Es una enfermedad crónica que evoluciona y convive con la incapacidad de la humanidad para sentirse saciada. Pero no se trata sólo de las ansias de saber y conocer nuestra procedencia o nuestro futuro. Yo hablo más de la parte social. De cómo la rueda que es la humanidad intenta seguir adelante, porque así lo dispone su naturaleza, esa inercia de querer saber y mejorar nuestra convivencia social, ese creer saber qué es lo mejor. La lucha contra lo "anterior", lo "retrógado", y la búsqueda del bien para todos, el convivir o la mejora de la sociedad. Pero, esa rueda que gira sin parar, se frena también y tiene una fricción. La parte de la sociedad que está acostumbrada y prefiere abandonar ese ánimo evolutivo y vivir un papel más pasivo y derrotista, luchando por la estabilidad de lo que ya existe y la desaceleración de esa rueda que escarba y tiene la voluntad de seguir rodando.

Me resulta difícil encarar este problema en mi realidad diaria. Cada vez que tengo una idea moderna, que invita al cambio. Cuando alguien me influye y me "contamina" con una idea aparentemente positiva. Y me afecta tanto que intento llevarla a cabo y emplear todas mis características adquiridas por el aprendizaje que implica vivir y madurar. Pero esa misma madurez me recuerda que "una vez" ya intenté algo parecido y alguien me detuvo. O me puso una zancadilla y caí con el dolor que eso conlleva y el esfuerzo subsiguiente necesario para volver a levantarme. O simplemente veo escenas diarias a mi alrededor, escucho noticias o gente conocida, amigos o familia  que me cuentan experiencias que me desaniman y reducen mis ganas de actuar.

Volviendo a las personas que se saludan... Es totalmente desconcertante cómo los prejuicios pueden destruir tus pensamientos o tus intenciones instantáneamente. Pero por eso debemos entender que esa parte de la sociedad es como un actor que representa una obra basada en el pasado y que existe otra parte que bulle desde lo profundo desestabilizando lo cotidiano y lo corriente. Estos papeles protagonistas defensores de lo cotidiano o los revolucinarios pueden ser representados por cualquier persona o grupo teatral. Una mujer puede aún defender ser pegada por su marido como mandan los cánones de una sociedad patriarcal que subyuga a la mujer. Un hombre puede permitir ser objeto de diversión de otros machos alfa que presuponen que hay que ser duro y que tener sentimientos o mostrarlos indica debilidad. Un niño puede regalarte la mejor de las enseñanzas en un inocente comentario. Un perro que acompaña a su dueño durante toda su vida puede demostrarte el valor de la compañía.
El trabajo de un actor es recordar lo aprendido y repetirlo hasta la saciedad. Hasta que a nadie más le interese ver su obra. Hasta que quede en una anécdota, en algo que pueda inspirar nuevas historias.
Y ahí está la clave del éxito. El éxito de la evolución de nuestra sociedad se basa en conseguir que esa obra deje de representarse, dejando de prestarle atención sin olvidar qué aprendimos de ella. Fijándonos en lo que nos impulsa hacia delante tomando tierra en lo que ya conocemos y queremos cambiar. Porque, afortunadamente, o desgraciadamente, para que esa rueda siga avanzando, ha de existir rozamiento.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Pasado, presente, futuro

Diario de un emigrante 13-09-2015


Ayer estuve pensando sobre mi futuro. No es que lo no lo haga a menudo, pero lo que no me ocurre con frecuencia es sacar algo en claro. El problema es que lo que saco en claro tampoco me ayuda demasiado.
Y bueno, después de este comienzo que invita con fuerza a leer lo que viene a continuación como si os interesara y os fuera a resolver los problemas que tenéis, iré un poco más al grano.

Tengo miedo de que llegue el día en que tenga que decidir donde viviré el resto de mi vida. Involuntariamente y sin poder evitarlo he construido en un país extranjero toda mi vida. He conocido gente, tengo amigos de todos los tipos, colegas, conocidos. Gente que fueron amigos y ahora son conocidos, conocidos que potencialmente pueden llegar a ser muy buenas amistades o que lo son ya.
He reído sólo y acompañado. He llorado igualmente. Me he enamorado... de ciudades, de personas, de recovecos, de la historia, de situaciones... Me he desengañado, he visto lo malo y lo bueno.
He vuelto a revivir momentos de mi infancia, de mi juventud, de mi vida, en otra lengua con otra cultura e incluso he tenido la posibilidad de revivirlos con mis amigos de siempre y mi familia, pero en otras condiciones, en otros lugares... Con las mismas personas de siempre pero, en realidad, con otras muy diferentes. Personas que han evolucionado con sus propias experiencias y no son las mismas. Igual que yo no soy el mismo.
He creado costumbres que ahora mismo creo que no podría abandonar nunca. Y sin embargo he abandonado costumbres que ahora sólo son un bonito recuerdo... Nostalgia.
Pero ahora me da miedo abandonar cosas que tengo. Y sin embargo sé que esas cosas no duran para siempre. Y que a la mínima las perderé, quiera o no. O las cambiaré por algo mejor. Igual por obligación, igual por necesidad. Igual solamente por evolución personal.
¿Es correcto preguntarme dónde voy a vivir el resto de mi vida? ¿Acaso es la vida una línea que tiene un punto final al que tengo que llegar irremediablemente pero escogiendo yo el camino a seguir?
Si me permitís de nuevo el uso de la metáfora, opino que debería pensar más en la vida como un puzzle, del cuál no conozco la forma final, pero sí sé que puedo extenderlo en la dirección que quiera... y que al final dará como resultado algo que desconozco. Sólo sé las piezas que encajan en lo que ya está montado. A veces hay piezas que prosiguen el mismo color, las mismas formas y se reconoce al instante dónde encajan. Otras veces hay un cambio de contorno en el dibujo, se comienza otra parte totalmente distinta del puzzle, pero que está relacionada con "el pasado". Seguir con el dibujo anterior, es más fácil. Cambiar, es más complicado. Pero ninguna de las dos cosas es mala o buena. El caso es no ponerse una meta clara. La meta clara es terminar el puzzle, queramos o no. Pero no el dibujo final. Pues, según mi opinión, eso no da la felicidad.

Después de este análisis... llego a la conclusión de que igual no es la actitud correcta. Igual debería de cambiar la pregunta. Igual debería enfocarlo desde un punto más lejano... desde una posición más alta. Desde donde pueda ver más cosas. Más horizonte. Igual la cuestión no es dónde viviré el resto de mi vida. Quizás la pregunta es si quiero quedarme en un sitio para toda mi vida o en realidad debería dejarme llevar y no intentar establecerme para siempre en un sitio, sino probar, cambiar, conocer mundo y no parar hasta que ya no pueda más y la vejez o el cansancio me obligue a realizarme la maldita pregunta que cierra otras posibilidades. Porque la clave está en lo que te preguntas. La clave está en cómo construyes la oración, qué cosas tomas por descontado al formular la cuestión.

Lo que pude sacar en claro fue lo siguiente.
Piensa dos veces antes de preguntarte algo para tomar una decisión... Si la pregunta no viene de tí, piensa dos veces sin en realidad es la pregunta correcta y no se puede realizar de otro modo. No tomes nada por descontado.
Para poder construir una casa no se puede empezar por el tejado. Si gastas tu tiempo respondiendo una pregunta, que de primeras es incorrecta, sólo podrás llegar a una respuesta errónea, que te corta la libertad y que no deja ver otras posibilidades.

Vive tu presente, comprendiendo tu pasado y construyendo tu futuro.

martes, 25 de agosto de 2015

Dualidad

Es un ciclo.

Pero nunca acabamos de aprender. Siempre hay detalles que se nos escapan y sin embargo nos damos cuenta de ellos años más tarde y los vemos tan claramente que parecen haber sido escritos con carteles delante de nuestras narices. Con el tiempo nos damos cuenta de por qué hicimos una cosa u otra. Sin embargo también nos preguntamos cómo fuimos tan tremendamente estúpidos de tomar una u otra decisión.

Y es que tenemos la suerte, o la desgracia, de ser estupidamente predecibles y a la vez impresionantemente temerarios... y aún así siempre hay una razón lógica que explique nuestras pretensiones, nuestras acciones, nuestras reacciones... Escojamos o no un camino siempre habrá una razón para haberlo hecho. Por muy suicida que fuera. Por muy noble que fuera. Por muy bohemio que pareciese.

Y aún así todo se repite. Y siempre tiene las mismas reglas y se basa en los mismos instintos. Pero con distinta edad, con distinta cantidad de experiencia. Y eso es lo que lo hace más divertido. Saber más no te hace tomar las decisiones más inteligentemente. En realidad, lo que hace nuestro cerebro, es dar más importancia a la estadística, y menos a la curiosidad y a las ganas de descubrir. Pero como todos sabemos, un gran porcentaje de estadísticas son falsas.

Al final siempre tenemos la posibilidad de elegir por nosotros mismos si tomamos el camino fácil o más que más probabilidades nos da de ser felices... o de tener éxito... o simplemente el que no nos mata bien muertos, o no nos lo hace pasar mal.
Pero pasarlo mal nunca ha sido algo del todo negativo. Porque es así como nuestro cerebro puede recoger datos y calcular estas estadísticas que, al fin y al cabo, nos influyen en el futuro próximo al tomar decisiones.

Siempre he creído que existe una parte física y otra psicológica que hace esta vida más interesante.
No creo en Dios, pero creo en mi existencia y en la dualidad del ser humano.
Quizás unos lo llaman Dios. Otros lo llaman subconsciencia. Otros lo llaman alma. Yo no le doy un nombre porque siempre quedaría incompleto y nunca estaría bien definido. Pero puedo decir que es algo parecido a la esperanza. Mezclado con confianza y con romanticismo. Pero también terquedad, egoísmo y deseo.
Y además pienso que esta es la parte más poderosa y la que al final tiene la última palabra al escoger los caminos.
Pero sé que las estadísticas que me muestra mi cerebro son la parte lógica o la que me hace pensar claramente y me muestran normalmente el mejor camino para mí como ser vivo, para mi superviviencia, e incluso para mi bienestar.

A veces deseo poder desconectar esa parte tan influyente y dejar trabajar a la razón. A la calculadora de mi cerebro y dejarme de nuevo al cauce donde todo fluye en la dirección correcta.
Pero qué sentido tiene dejarse llevar y no poder decidir y arriesgar en contra de lo lógico y lo "seguro".
No tendría sentido. Nuestro cerebro no podría recoger más datos de nuestros errores y también dejaría de estar en forma y calcular estas cosas como un loco. Por lo tanto tampoco podríamos mejorar nuestra inteligencia para con la supervivencia.
Con esto quiero decir que no podemos vivir sin ninguna de las dos cosas.
Una es necesaria y trabaja sin descanso para juzgar nuestras decisiones, analizar nuestro comportamiento, mostrarnos nuestros errores y avisarnos antes de dar un paso que posiblemente nos lleve a repetir un error o simplemente a algo que no se asemeja lo más mínimo al éxito. Siendo en realidad el error también un éxito en sí, pues será almacenado y añadido a un gran algoritmo que nos muestra la forma de actuar para poder llegar a un sitio a salvo.
La otra no es precisamente necesaria. No es buena ni mala. Simplemente es la chispa de la vida. La que nos da la posibilidad de alimentar a nuestra razón y demostrarnos cada día que no somos más que máquinas imperfectas. Diseñadas para mantener nuestra vida lo mejor posible aprendiendo de cada paso que damos.
Una necesita de la otra para sobrevivir. Y cada vez que quiero desconectar para dejarme llevar, que no quiero avanzar, que tengo miedo de seguir... es la razón la que me está intentando convencer. Pero enseguida recuerdo que estamos aquí tres días, que quiero ver cosas antes de abandonar esta diminuta y mínima estancia en la existencia. Quiero ser egoísta. Quiero ser terco y conseguir lo que quiero. Quiero tener esperanza hasta el fin de mis días. Quiero confiar y poder ser traicionado. Quiero desear. Y sobre todo quiero ser un estúpido romántico, que cree sólo en lo que siente en el presente y le importa un carajo quien le putee o quien le quiera, siempre y cuando pueda decir al final "pero que me quiten lo bailado".

domingo, 20 de julio de 2014

Escolástica y sentido de la vida

Buscando "piacere" en italiano me encuentro que hay un término en alemán llamado Vergnügung, que parece más complicado de lo que es para decirlo, y además significa diversión o "bachata" que antiguamente significaba jolgorio y que es el nombre para un canto popular dominicano. ¡Qué cosas!
Tanzt du eine Vergnügung mit mir? -> ¿Bailas una bachata conmigo?
Y no sólo eso, he mirado más abajo en la rae y por lo visto ahora no se acentúan palabras como "guion, liais, fie,... etc" Y quien no me crea que clique aquí

Y decir que hace años estuve a punto de hacer la carrera de Filosofía, o al menos a tomármela en serio.
Pero aunque el profesor era un "crack" y me encantaba no terminó de cuajar porque tenía ideas más prácticas en mi cabeza. Era un "¿podré vivir de ello?" y un "¿no les dará por cambiar de reglas y de teorías como ha hecho el resto de la vida?" Pues cuando se hace un comentario de texto o se realiza el análisis de una oración ya sea morfológico o sintáctico (a saber si ya no se utilizan estos vocablos) depende siempre de la escuela donde hayas estudiado o de cuál se fíe el colegio que te enseña.
Fue esta la razón por lo que no me terminó nunca de convencer el camino de "Letras" para basar mi vida profesional en él. Para tomarlo como algo serio, vamos.
Hacen y deshacen reglas que no tienen sentido como para decir que hacen algo. Y lo peor es que ni siquiera es para facilitar la compresión lectora, sino que se basan en reglas ortográficas que no representan ni por asomo la realidad, para imponer qué es correcto o qué no lo és.
Suelo leer a Perez-Reverte y sé que ha repetido mil veces que la RAE sólo realiza un compendio de los cambios que hace la lengua española y siempre va por detrás del presente, pues no debe forzar ni modificar por sí misma las reglas. Ya que el lenguaje cambia por sí mismo.
Pero el problema es que cuando la RAE dice una cosa, esto será así en todas las escuelas. Y ya me imagino a mi hipotético hijo diciéndome que lo que escribo "lo estoy escribiendo mal" y yo le diré "pues en mis tiempos esto era correcto". Y el tema es que el español cambia... pero no se nota con una vida humana,... ni dos, me atrevo a decir. El tema cambia de 50 en 50 años como poco.

Volviendo a hablar de mí (que es mi blog... xD ) en las carreras técnicas se crean nuevas reglas o se modifican anteriores porque llevan por caminos más rentables, más económicos, más ahorradores o simplemente mejores. Y eso lo veo normal y es más lógico. Y es lo que elegí. Aunque sigue picándome mucho el tema de letras con la poesía y la filosofía... y me fastidia no acordarme exactamente de los autores o las citas que quiero aplicar a mi vida cotidiana... por no haber seguido leyéndolos o estudiándolos.

Aún recuerdo cuando mi profesor de Filosofía nos explicaba el tema de la escolástica con el "típico tópico":
"Se pasaban todo el día hablando sobre temas tan importantes como el sexo de los ángeles."

Y qué os voy a contar... Al final "sólo" sirve para ir a tomar unas cervezas y desgañitar criticando los políticos, la sociedad, el consumo de drogas, la sexología, el amor por los animales, la reducción del paro,...

Pero a veces las dos cosas se juntan... Es ahí cuándo más me gusta, porque ni el científico, ni el filósofo puede encontrar la solución y sólo pueden llegar a comprender lo limitado de nuestro conocimiento. Es cuanto nos sentamos a ver estrellas, vemos lo lejos que están, que lo que llega es algo que pasó hace millones de años y que somos una mierdecilla en un terruño que podría ser devorado por otros planetas que nos superan muchas veces (Saturno nos engulliría 740 veces y no nos verían aún en la superficie) y que en realidad da igual si uno diseña máquinas o si otro reescribe las reglas de un idioma hablado por millones de mierdecillas en este trozo de tierra en el medio de la nada. El caso es ganarse la vida.

Pero que quede claro. Yo me la gano sin que me mareen porque a uno se le ocurra la gran idea de que, debido al uso segregado de acero para aplicaciones industriales en China que, en Europa, se considerarían paleolíticas, se tendrá como cierto, en la actualidad, y que quede escrito en el libro de tablas de todo ingeniero, que es más ligero el acero que el aluminio.



martes, 22 de enero de 2013

Seguridad

Diario de un inmigrante a 22/01/13.

Hoy quiero comentar como las cosas cambian al estar viviendo de una forma o de otra, sólo en mi caso, pero no sólo en lo que lógicamente todos podemos pensar. Hacerse la comida, poner la lavadora, limpiar la casa en general, hacer las compras, organizarse, poder hacer lo que quieras y a tu manera,...

Yo me refiero a esas cosas pequeñas que pasamos por alto cuando estamos viviendo con gente o cuando tenemos en otras cosas que pensar. Al estar sólo piensas más en tí y tu cabeza busca en qué pensar para no aburrirte. Son pequeñas tonterías, detalles que damos por hecho y que sin embargo si nos paramos a pensar nos damos cuenta de lo fácil que es acostumbrarnos a la novedad. Creo que hablé de algo parecido hace poco.

Desde que estoy viviendo sólo, algo que ha cambiado de gran manera es posiblemente mi forma de relacionarme con la gente. No digo que sea otra persona o que haya cambiado de forma de ser. Pero seguramente no soy el único que lo nota. Y apuesto a que si lo he notado yo, los demás si me hubieran conocido de antes lo habrían notado también.. Pero, eso lógicamente, es imposible, puesto que mi estado es consecuencia de lo que vivo, y así me han conocido por primera vez muchos aquí.

Cuando llegas por primera vez a un sitio dónde no conoces a nadie te haces a la idea de que tienes que relacionarte con el mayor número de gente posible cuanto antes si no quieres morir de autismo. Y eso hace que seas capaz de aceptar o de llevarte bien con gente a la que igual no te habrías juntado en el caso de que no salieras de tu lugar de seguridad. Esto no es malo, ni es bueno, simplemente es, pero evolucionas de nuevo o, mejor dicho, involucionas.

Cuando eres soltado como un pececillo en una nueva pecera, "cuando llegamos a un nuevo entorno, desconocido, nos adentramos en una carrera en búsqueda de la comodidad que conocimos alguna vez e intentamos crear una zona de seguridad que aún no tenemos y que, mientras nos mantengamos fuera de ella, estaremos alerta y buscaremos siempre el camino a la misma". También hay a quién le apasiona esta zona "de peligro". Yo hablo de mi experiencia.

Ahora estoy notando un ligero cambio. Ahora ya no estoy abierto a cualquier idea. Ahora empiezo a elegir si me parece buen plan o si me apetece ir. Porque es seguro que el no ir no hará que deje de tener esa posibilidad en un plazo de tiempo mínimo. Estoy volviendo a la zona de seguridad. Eso en parte me da miedo.

Si llego a tener una seguridad completa, puede marcar la diferencia para decidir quedarme aquí a vivir... o igual deseo volver a tirarme al vacío y conocer de nuevo esa experiencia excitante que es nadar un río contracorriente. Pues como dijo un tío muy listo hace muchos años: "Nadie se puede bañar dos veces en el mismo río" y si hay algo que tengo claro desde que estoy aquí es que es mucho más emocionante que dejarse llevar.

lunes, 14 de enero de 2013

Todo es acostumbrarse

Diario de un inmigrante a 14/01/13.

Raro es que escriba un día seguido de otro, pero más raro es que el título que ya tenía pensado me haya sorprendido al darme cuenta de que tiene que ver con lo que quiero hablar y que también se puede aplicar al hecho de que empiezo a coger carrerilla con el Blog.

Yendo al grano. Cuando estás en una tierra que no es la tuya (hablo como si hubiera estado visitando mil países distintos) ocurren 3 cosas.
-Primera: Hay cosas que te sorprenden bestialmente. Tanto que no logras comprenderlo nunca.
-Segunda: Hay cosas que te llaman la atención y que con el tiempo tomarás incluso como costumbre.
-Tercera: Hay cosas que se pasarán desapercibidas. Posiblemente después de un tiempo te darás cuenta de los despistado que te dejan el primero y el segundo caso.

He llegado a esta conclusión hoy al pasar por delante de un parking que lleva ahí desde que he llegado y que está de camino al lugar donde siempre o casi siempre voy a comprar. Es decir, lo he visto, lo he cruzado, he esperado cerca de él, lo he mirado, he reído, he llor... Como iba diciendo, es el caso número 3. Aunque lo lógico ahora es pensar que también hay lugares para aparcar en mi tierra. Cierto. Pero no tantos y tan coquetos como aquí.

Cada empresa/local/supermercado tiene su pequeño aparcamiento, aunque se trate de dos o tres plazas al otro lado de la calle. Están señalizados como aparcamientos para los clientes de la tienda en cuestión y tiene sus horas de utilización en muchos casos. Incluso en las ciudades hay aparcamientos temporales para ir a recoger algo un momento o sacar dinero en el banco de al lado.
Y ahora, al pasar por delante, me he preguntado que por qué no me he dado cuenta o no me ha llamado la atención. La respuesta creo que es clara. Porque me parecía lógico, me parecía bien y porque soy un despistado también.

El caso es que estos aparcamientos no invaden la calzada ni tampoco la zona peatonal. Se construyeron con inteligencia y un saber hacer que después deriva en mejor organización y fluidez que finalmente, elevado a la máxima potencia como país acaba siendo una tierra que tira adelante por su ánimo de superación y costumbre trabajadora. Porque aunque no se crea, aquí se trabaja también para vivir, aunque no sea una vida comiendo sardinas en la playa o sentado en el sofá viendo un partido de fútbol (que también) no quiere decir que no sea una vida digna de vivir.

A lo que quiero llegar es que detalles como estos hay pocos en España y se puede tomar esto como una exageración, pero si tuviéramos en cuenta esos pequeños detalles igual nos iba mejor que ahora. Y lo mismo que se puede tener ingenio para robar a toda un país, también se puede utilizar ese esfuerzo en mejorar las cosas. Porque como dijo mi abuelo, "pesetita a pesetita se hace una casita" que viene a significar que lo que parece no tener valor en pequeñas cantidades o por separado puede llegar a tener un gran valor cuando se valora en conjunto.

Que bueno sería si en vez de renegar y tirar tanto para la tierra aprendiéramos un poco (y ellos también) para acostumbrarnos a estar bien gracias a sacar partido de la más que posible combinación de lo mejor de cada lugar.

Filosofía de la vida: Trabajar para vivir (feliz).

Diario de un inmigrante a 13/01/13.

Fin de semana.
Genial, La noche comenzó multicultural, como nunca,... Un portugués-alemán, una americana-alemana, un alemán-español,... Cómo no, se habló de gramática y de la evolución de la lengua y la extraña y carpichosa forma en que han tomado forma cada una de ellas pareciéndose o diferenciándose entre ellas. Parecíamos catedráticos bebiendo vino caliente (y dulce) con sabor a cerezas preparadas por los anfitriones. Cuando ya estábamos hartos de hablar sobre todos los temas posibles relativos a los idiomas se decidió salir a bailar un rato. Mi sorpresa fue entrar en una discoteca de una ciudad universitaria y escuchar sólo música española y ... Ska-P. La verdad es que estoy impresionado y contento con el acontecimiento. Creo que había poca gente que supiera "bailar" esa música. Pero yo no iba a desaprovechar esa ocasión. Lo único es que nos quedamos dos bailando y nuestros acompañantes decidieron que era mejor salirse a la calle a tomar el aire.
Después seguimos bailando y hasta que aguantamos. Dormir sin límites despertadores, desaynar malamente y para casa en coche acabados.

Y ahora toca ir a la cama, después de la siesta de esta tarde y mañana levantarse temprano para trabajar de nuevo. Pero no es tan malo como suena. Si te lo tomas de modo positivo, como que vas a aprender algo, como que cada día es una aventura en la cual vivirás algo nuevo y de lo que sacarás partido, aunque lo pases mal, poco a poco, se lleva bien porque las malas experiencias también se convierten en sabiduría muy valiosa. Y para poder tener estos fines de semana es necesario trabajar, así que hay que aprender a convivir con este "compañero", y mejor llevarse bien que a matar con alguien que te acompañará toda tu vida en distintas formas o con distintas caras.

Como moraleja para esta pequeña entrada escribiría: Gánale a la vida aprendiendo cada día lo que te ofrece la aventura diaria viendo siempre el lado bueno y tomando nota de cada cosa que ocurre para que forme parte de tí. Tú construyes tu vida. Depende de tí que no se venga abajo con los contratiempos que puedan aparecer.

EDIT: He leído esta frase, y creo que viene muy bien al texto que he escrito: "Los problemas son como los martillos, si somos de cristal nos rompe, pero si somos de metal nos forma"


sábado, 5 de junio de 2010

...cuando n tiende a felicidad.

¿Cómo vivir la vida?

Clases de filosofía de un loco que se cree cuerdo.

Todos creemos tener la razón, pero no siempre la tenemos, o no siempre estamos en el marco correcto. Que alguien dijera hace 300 años que la Santa Biblia pudiera envasarse en un recipiente que mide menos de un dedo (pendrive), y eso que la forma del recipiente es así para que no perdamos fácilmente la información, porque podría ser más pequeña.

Pero hay cosas que no cambian con el tiempo. Todo el mundo nos preguntamos cómo queremos vivir la vida tarde o temprano. Todo esto después de pensar en por qué estamos aquí y dónde vamos como raza que existe en la Tierra y ver que no hay respuesta. Nos damos cuenta de que seguir pensando en esto último es perder el tiempo. Y entonces es cuando al mirar atrás, vemos que bastantes personas razonaron en su momento de genialidad y plasmaron sus pensamientos en libros que ahora aún estarán informátizándose y traduciéndose. Pero esos pensamientos no han cambiado. ¿Cómo hemos de vivir la vida?

Para empezar podemos dejarnos llevar y ser como se supone que debemos ser sin demasiado esfuerzo. Esto no es malo, de hecho la gente es feliz así. Pero hay gente que necesita ser distinto y sobresalir del grupo, ya sea para bien o para mal (otro concepto bastante relativo) son felices también.

Es innegable que para pensar en esto hay que tener en cuenta el marco, como dije antes. En la vida que yo veo a mi alrededor hay una cultura cristiana moderna en la que quedan tradiciones antiguas y obsoletas desde el punto de vista contemporáneo pero falta fe y nos sobra inteligencia. O eso creemos. Y además vivimos en un sistema capitalista devorador y altamente competitivo. Estas dos cosas influyen mucho en el estilo de vida de una persona y en su construcción como tal alterando incluso sus preferencias naturales.

Religiosamente hablando tener fe en algo es creer en ello con todas tus fuerzas. Esa es la definición que entiendo desde que soy pequeño y recibí enseñanza cristiana. Me quedo ella y la aplico a mi filosofía retirando el tema religioso.
Creo que tener fe es algo bueno, hasta cierto punto. Puedes tener fe, pero nunca ciega. Hay que darse cuenta de las cosas. Y es ahí donde entra nuestra inteligencia. Pero ésta tampoco es la mejor guía hacia la felicidad. Para mí que debemos escoger de ambas a la vez, un poco de cada una.

¿Estamos escogiendo un buen camino para ser felices? Ser feliz ha sido la preocupación del hombre desde los principios del tiempo. Ser hijo, enamorarse, ser padre o madre, perder a nuestros seres queridos, lograr cosas que creíamos tener entre nuestras metas y que no sacian nuestras ganas de tener más logros... Pero siempre ha sido así. Siempre ha estado reñido el instinto animal con la razón humana. Nuestros pensamientos nos dicen todo el rato qué deberíamos hacer de forma fría y eficaz, pero nuestros sentimientos no suelen estar de acuerdo muchas veces. Escoger a quién de los dos creer o si debemos escoger ambos en cierto grado es lo que nos hace sentir que podemos regular y cambiar lo que nos va a suceder en el futuro inmediato. ¿Qué es este sentimiento? ¿El éxito trae la felicidad?

Lograr algo propuesto es, queramos o no, un descanso para nuestra conciencia, aunque rápidamente busquemos otra meta. Si no levantamos la mirada y vemos en el horizonte un punto al que queremos llegar no creemos que vayamos a ser felices. Aprobar un examen, conseguir un trabajo, llegar alto en la sociedad, tener un coche de una marca determinada, conseguir estar con una persona que te parece la mejor opción para tí, conseguir hoy lo que no sabes si podrás conseguir mañana... Esto es la inteligencia, la razón que nos obliga a tener ambiciones.

Sin embargo, el otro pasajero nos complica la vida, o la resuelve. Nuestro instinto, aquel que nos dice que esa persona no pega con nosotros, que aunque apruebe el examen no nos gusta la carrera que escogimos hace años, que estamos haciendo lo que hacemos porque la vida está así montada y en realidad nos gustaría estar realizándonos de modo muy distinto y en un lugar totalmente alejado de donde estamos...

¿Escogemos seguir el instinto o nuestra razón? Me parece que nunca seremos completamente felices en intervalos de tiempo demasiado largos hagamos lo que hagamos.

Conclusión, si es que este texto tiene alguna, y la verdad es que bastante ambigua. La felicidad humana es algo muy complejo que no se puede resumir en un texto escrito a las tantas de la mañana por una persona joven que no tiene ni idea de donde acabará su vida y en qué condiciones, pero tengo la convicción de que la felicidad es demasiado ideal como para caber dentro de nosotros completamente. ¿Por qué? Porque, como ahora, he de escoger entre si seguir mi instinto o mi inteligencia. Y algo me dice que cuando postee este texto, apague el ordenador y me vaya a la cama ya habré escogido y, seguramente, no será la decisión que me haga más feliz.